Wednesday, January 28, 2009

Elogio de la locura




Cuarta película de Sam Mendes, en esta ocasión basada en una novela del escritor Richard Yates que no he leído ni tengo pensado leer próximamente de manera que cualquier cuestión sobre el parecido de la película con el original debe quedar fuera de este comentario, como por otro lado debería suceder siempre.

A mí no me gusta la forma que tiene Sam Mendes de hacer cine, sus películas suelen estar muy cuidadas tanto en el plano técnico como en el artístico , pero su grosero (por poco sutil) uso de los recursos dramáticos y la búsqueda igualmente grosera de la connivencia del espectador siempre me han resultado de lo más desagradable. Así pasó con “American Beauty” y “Road to Perdition” aunque no con “Jarhead” donde por lo menos el tema (la paradoja de un ejercito que tras seis meses de escrupulosa preparación no llegó jamás a disparar un tiro) era algo más interesante.

El comentario general sobre la nueva entrega de Mendes es que parece haber vuelto a los postulados de su opera prima: estamos una vez más en una barrio residencial de clase media donde una familia vive una vida aparentemente ideal con la que, no obstante, uno de sus componentes no parece tan satisfecho. En ambas películas el intento de “fuga” de la pesadilla suburbana termina violentamente.

El primer problema de “Revolutionary Road” es que casi todo lo que tiene que contar lo hace en los cinco primeros minutos de la película y en sólo dos escenas. En la primera de las cuales se produce el encuentro entre los dos actores protagonistas que en un breve diálogo definen perfectamente a sus personajes. En la segunda se asiste a una fracasada función de teatro que termina con las modestas esperanzas artísticas de April (Kate Winslet). Tras la función el matrimonio camina en silencio por el largo pasillo de un Instituto de enseñanza media . Se trataba simplemente de una representación de aficionados.

Como se ha señalado, estas dos escenas contienen una admirable ejercicio de síntesis pero dejan bastante poco interés por lo que vendrá a continuación. Sobre todo si la tópica y rutinaria forma de narrar esos acontecimientos hace que el espectador anticipe ya mucho de lo que va a pasar: April quiere cambiar de vida, sabemos que no lo conseguirá; a Frank (Leonardo DiCaprio), justo antes de anunciar que deja el empleo, le ofrecen un ascenso, sabemos que no lo rechazará; tras anunciar a sus amistades sus intenciones de marcharse a Europa el matrimonio tiene un aquí te pillo aquí te mato en la cocina mientras la mujer murmura una aprensiva negación, sabemos que Frank acaba de preñar de nuevo a April. La sutileza se queda para cuestiones menores como las aventurillas extramatrimoniales de la pareja. El romance fugaz y el sexo sin trascendencia como la única aventura posible en los tiempos de la sociedad del bienestar.

Todo lo demás esta muy bien rodado pero resulta previsible y cansino. A la película la salva en parte varias cosas, entre ellas las actuaciones de Winslet (en un papel muy agradecido) y Di Caprio (en un papel mucho menos agradecido, o dicho de otro modo, directamente antipático lo que le hace más meritorio aún) y sobre todo la introducción en la trama del personaje de John Givings, el lunático hijo de los vecinos, que ejerce el papel de orate encargado de escupir en la cara de todos los demás personajes las verdades del barquero. Algo que se le tolera por su condición de enajenado, John puede decir la verdad sin miedo a perder nada porque ya está todo perdido para él. El personaje más libre de Revolutionary Road lo es a costa de su propia miseria. April sabe que tiene razón pero no puede gritar sus propias verdades porque se lo impiden los últimos restos de convencionalismo que le quedan, su propia catarsis deberá esperar a la privacidad del diálogo conyugal.

De todos modos la mejoría que ofrecen estas escenas vuelve a echarse a perder cuando Mendes prolonga un final bastante conveniente (el brusco giro que April quería dar a su vida acabó convirtiéndose en uno de 360 grados que, por consiguiente, la deja exactamente donde estaba) y lo convierte en un largo y efectista poema trágico que parece no terminar nunca (y en el que el director da un recital de sus trucos habituales) con el que parece manifestar su ansia por dar de nuevo el “americanbeautyazo” y que le den el Oscar a su mujer de una puta vez. Parece que no sucederá ninguna de esas dos cosas. Lo que sí sería deseable es que la película sirviera para reivindicar el trabajo de Michael Shannon, que en la película interpreta el papel de John Givings. Un secundario de lujo al que, sin irse muy atrás en el tiempo, quizás recuerden como el amenazador cuñado justiciero de “Antes que el diablo sepa que has muerto”

15 Comments:

Anonymous Ra está en la aldea said...

Parece que a Kate sí que le van a dar el Óscar, aunque no sea por esta película, ¿no?
Pues ya va siendo hora, coño.

2:45 AM  
Blogger Realice said...

Ya la he visto. Comentarios, en cuanto pueda.

:)

4:07 AM  
Blogger Realice said...

Por cierto... Michael Shannon ¿es que va disfrazado de croupier de Las Vegas o es que se viste así para la promoción de sus pelis?

4:08 AM  
Blogger SisterBoy said...

Kate ya se lo merecía desde "Criaturas celestiales" y yo también se lo hubiera dado por "La vida de David Gale".

Realice me imagino que ese peluco imposible responde a algun personaje que está interpretando ahora mismo. Lo de la ropa no tiene excusa

5:12 AM  
Blogger Deckard said...

A mi me gustó mucho y la verdad es que el duelo entre DiCaprio y Winslet te pone los pelos como escarpias (no se el doblaje que tal pero temo los gritos de Leo como han podido quedar). Por supuesto Shannon también se sale en sus escenas.

Yo no vi previsible la historia más allá de contar con que no iban a partir nunca.

7:45 AM  
Blogger SisterBoy said...

El doblaje era "tolerable". La que trataré por todos los medios de no ver doblada es "Frost vs Nixon" aunque lo único que he encontrado por ahí son screeners chungos

8:13 AM  
Blogger Deckard said...

Es que además la voz de DiCaprio es múchisimo más grave que su doblador.

Hoy mirando las páginas de los protas en imdb me ha sorprendido ver que DiCaprio es un año mayor que Winslet.

8:18 AM  
Blogger Cinephilus said...

Hmmmm... no coincido en la valoración de Mendes, que sí me interesa a pesar de sus excesos (debe ser por deformación teatral), pero admito que también me gustó Jarhead, sobre todo por los pectorales Jake G. -su prota- que se curró mucho el gym para la ocasión... ;-)

1:47 PM  
Blogger SisterBoy said...

Sobre todo cuando se ponía aquel gorrito de Papa Noel ¿no? :)

2:46 PM  
Blogger Mer said...

SPOILERS
A mí me encantó la película. Y aunque sabía que ellos no se iban a ir, lo que me sorprendió fue que al final no fuera una pelicula sobre el conformismo, o sobre la vida en pareja, sino una película sobre la cobardía. Y eso es exactamente lo que dicen en esas primeras escenas tan sobrecogedoras, "tu no eres un hombre" y de eso se trataba todo. Ella es la verdadera revolucionaria de los dos. Y ella consigue su libertad durante esos segundos antes de las gotas de sangre.

10:17 AM  
Blogger SisterBoy said...

Por eso digo que la pelicula no es sino una ampliación de las dos primeras escenas. Todo está ahí.

10:29 AM  
Blogger Mer said...

claro, y por eso sorprende, porque empieza en el climax. Y te esperas que todo lo demás sea un giro, pero vuelve ahí. Me encanta eso.

11:34 AM  
Blogger 3'14 said...

Mi opinión la dije en el blog de Cinephilus, que como se que lo lees ya sabes pues lo que pienso, no voy a repetirme.

Posibles SPOILERS

Y estoy de acuerdo en lo que se dice en cuanto a que ella, haga lo que haga, no conseguirá nunca ser feliz, está vacía y ni la posible realización de sus supuestos sueños conseguirían llenarla.
Tal vez él sea un cobarde por resignarse y terminar siendo un conformista, pero la huida que escoge ella no deja de ser también reprochable.
De lo que se trata al final es de escoger, y tal vez, a la conclusión que llego yo es que no somos tan libres, aunque los revolucionarios lo piensen, ¿Realmente elegimos libremente? Quien se decline por la opción de él será tachado de conservador y cobarde, quien lo haga por la de ella, proclamado como un romántico, libre y soñador... yo, por miserable que se preste, creo que quien lucha es quien se aferra a la vida. Ese final no es una victoria propia, es la derrota final. Esto me hace pensar que, por muchos años acuñé la famosa frase del Che "prefiero morir de pie que vivir arrodillado", frase que no debería aplicar en este contexto probablemente pues iba por otros derroteros, pero, yo, que quizás sea más ingenua e idealista si cabe, creo que, mientras se permanece de rodillas todavía hay esperanza para poder erguirse. Morir es decidir no seguir avanzando, igualmente respetable, pero no me agrada el valor romántico que se le otorga como un bien preciado.
Como decía, debo estar haciéndome mayor ;)

1:06 AM  
Blogger Mer said...

spoilers

Pero ella en principio no va a morir. No es un suicidio. Lo que va a hacer es quitarse ese hijo porque no lo quiere, y porque sabe que cada vez que le mire a la cara verá la razón por la que no se fue. Otra cosa es que en París todo hubiera sido un desastre, que también, pero esa es otra historia.

9:45 AM  
Blogger SisterBoy said...

Lo de París hubiera sido un fracaso porque el que huye de sí mismo lleva el problema siempre consigo y el problema no era Revolutionary Road sino ellos mismos

4:52 PM  

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