Friday, October 31, 2014

DIEZ PASOS VACILANTES EN LA ZONA CREPUSCULAR. DÉCIMO Y ÚLTIMO PASO.


NIGHTMATRE AT 20,000 FET
 
Emitido por primera vez el 11 de Octubre de 1963.
 
 



Y aquí concluye todo amigos, llegamos al final de una aventura que comenzó la noche de Halloween del año 2012 y termina la misma noche dos años más tarde.

 

Y termina con el que sin duda es uno de los episodios más famosos de toda la serie o puede que incluso el más famoso (pese a ello se ha seguido un estricto orden cronológico, según la fecha de la primera emisión, a la hora de comentar los diez capítulos por lo que este relato se comenta al final por el simple hecho de que es, de entre los diez elegidos, el que se emitió en último lugar ), homenajeado hasta la saciedad (incluyendo, una vez más, un episodio de “Los Simpsons”) y que también fue uno de los capítulos seleccionados para formar parte de la antología-homenaje de la película de 1983, siendo además posiblemente la más popular de las cuatro historias de las que se componía dicha película.

 

 

Precisamente opino que, hablando del filme, ocurre lo mismo que con el también homenajeado allí episodio “It´s a good life”, el tono con el se trata este relato en la película del 83 resulta excesivamente recargado de elementos grotescos y surrealistas, como si se estuviera ilustrando una pesadilla suburbana alejando precisamente así la historia del espíritu de la mayor parte de los episodios de la serie original: personas normales sometidas a experiencias extraordinarias y  que se ven arrastradas fuera de su existencia cotidiana hacia la “zona crepuscular”.

 

Dirigido por Richard Donner,  basado en un relato de Richad Matheson (dos nombres habituales en la serie que con los años acabaron deviniendo el primero en el director de algunas de las películas más populares de los ochenta y el segundo en uno de las más reputados escritores de fantasía y ciencia ficción de la segunda mitad del Siglo XX) y con un reparto al frente del cual aparece William Shatner (también protagonista de otro episodio comentado aquí, “Nick of time” y también un hombre que posteriormente desarrollaría una fructífera carrera profesional), es la historia de Robert Wilson, un vendedor de treinta y siete años casado y con hijos (una vez más un perfecto representante de lo que por aquel entonces debía ser un americano medio) que acaba de salir de una estancia de seis meses en una clínica mental tras sufrir un colapso nervioso durante un viaje en avión. Wilson regresa a casa acompañado de su esposa precisamente en avión lo cual le causa cierto nerviosismo pese a que se considera recuperado de su enfermedad, es en ese momento, en mitad de un vuelo tormentoso, cuando el hombre cree ver a alguien caminando sobre el ala del aparato…

 

Entre los numerosos aspectos a destacar esta historia me llama la atención sobre todo el hecho de que nunca sepamos cuál fue la causa del problema mental que aquejó a Wilson la primera vez, se nos dice que ocurrió en un avión pero no que fuera provocado por el simple hecho de volar, tampoco se nos da demasiada información sobre la vida del protagonista de esta historia, lo cual nos lleva a considerar si lo que sucederá a continuación tiene que ver más con una cierta clase de alineación urbana que con el simple medio físico dónde se materializa la psicosis.

 

En esta historia convergen por un lado el miedo atávico a volar que es inevitable sentir en mayor o menor grado cuando se es consciente de la sensación de indefensión que provoca  el hecho de haber entregado tu voluntad y tu seguridad a una máquina de la que es prácticamente imposible salir con vida en caso de accidente, y por otro lado la aterradora sensación de soledad que siente alguien que padece una experiencia como la descrita aquí al no poder compartir dicha experiencia con un entorno que le cree mentalmente desquiciado. En efecto el horror de Wilson no tiene su origen únicamente en la misteriosa criatura que transita por el ala del aparato, sino en el hecho de que sólo él parece capaz de verla y de que los demás (en especial su propia esposa) le traten con la condescendencia con la que se trata a un loco al rodearle de un biombo de mentiras y falsedades (una de las virtudes de este relato es que la ambigüedad sobre si lo que está sucediendo es real o fruto de una mente trastornada se mantiene intacta hasta el final). Es precisamente este sentimiento el que parece conducir a Wilson a la fatal decisión con la que concluye este episodio que constituye una pequeña obra maestra de la pequeña pantalla a la que sólo habría que ponerle un pero: el diseño del espanto en cuestión deja bastante que desear, o hablando en plata, resulta directamente ridículo. Una opinión que compartía el propio autor del relato original que lo definió literalmente como “una especie de huraño osito de peluche”.

 

 

Y eso ha sido todo amigos, espero que hayan disfrutado de este viaje compuesto de diez estaciones y una introducción inicial, y espero sobre todo que estos simples comentarios de aficionado hayan despertado en ustedes el interés por una serie de televisión que, como hemos tratado de explicar, va mucho más allá de una simple sucesión de relatos de ciencia ficción, fantasía y misterio (aunque si así fuera ya de por sí merecería la pena su visionado) y representa una verdadera antología de la condición humana y de los terrores que la atormentan amen de una aguda crónica social de la vida cotidiana en una época histórica (finales de los cincuenta y principios de los sesenta) en la que se produjo un abrupto cambio cultural que transformó el pasado siglo. Espero que lo comprueben alguna vez con sus propios ojos.

 

Gracias por todo y Feliz Noche de Halloween. 

 

 



Wednesday, September 17, 2014

BOYZ IN THE HOOD





A quién esta experiencia cinematográfica (filmar una historia de ficción acerca de la evolución de un niño entre los 6 y los 17 años empleando para ello al mismo actor en un total de 39 días de rodaje repartidos en ese lapso de tiempo) le resulta única en la historia del séptimo arte debería repasar el artículo dedicado al estreno del filme publicado en el número de este mes de la revista “Dirigido”, donde se encontrará un cuidadosa antología de otras experiencia semejantes, muchas de las cuales por cierto totalmente desconocidas para mí.

 

Yo desde que tuve noticia del estreno del proyecto me acordé de la sorprendente saga de Antoine Doinel, el personaje ficticio interpretado durante veinte años también por el mismo actor (Jean Pierre Léaud) en una serie de películas filmadas por Francois Truffaut
 


En algunas entrevistas el director de “Boyhood”, Richard Linklater, reclama la independencia de su proyecto con respecto a estos antecedentes más o menos ilustres (incluyendo su propia serie de películas “Before…”), puede que tenga derecho a hacerlo pero es inevitable contemplar ciertos paralelismos entre la forma de hacer cine de la generación de la Nouvelle Vague y la de otros directores que como Linklater (un nombre que yo uniría los de Wes Anderson o Quentin Tarantino y sólo porque son los primeros que me vienen a la cabeza) nacieron en la década de los sesenta y cuyas obras se caracterizan también por una marcada cinefilia y un fuerte carácter autobiográfico, dos circunstancias a las que los nuevos directores añaden un gran influencia de la cultura popular americana.

 

En el caso de la película que nos ocupa Linklater coincide con otros directores (como el ya mencionado Truffaut y el ejemplo aún más evidente de Eric Rohmer) en que la descripción de la existencia cotidiana de unos personajes puede ser a la vez una experiencia ordinaria y trascendental. En efecto en “Boyhood” se narra como hemos dicho once años de la existencia de un chico llamado Mason, una existencia no carente de avatares (es hijo de una madre empeñada en liarse con los tipos más impresentables que se echa a la cara y de uno de esos individuos que resultan encantadores siempre y cuando no resulten ser tu padre) pero ausente de cualquiera de esos dramas que justifican el argumento de una película comercial.



Incluso aunque estuviéramos viendo simplemente un metraje de dos horas y cuarenta y cinco minutos que narrara la evolución vital de un chico cualquiera (por más que no hay que olvidar que los otros dos personajes secundarios mencionadas así como la hermana del protagonista resultan tan apasionantes como Mason) ya me parecería una película notable por la forma en la que está guionizada, dirigida y montada y por el inestimable esfuerzo de perseverancia de su autor y de sus interpretes.  Pero “Boyhood” es muchas cosas más, como todas las películas sublimes contiene en su argumento principal una serie de referencias implícitas que aumentan su valor como es el hecho de ser (quizás de forma involuntaria lo que para mí resultaría incluso más meritorio) una pequeño resumen de la historia de la primera década del siglo XXI a través de numerosas referencias políticas, sociales, culturales e incluso musicales, es también una análisis del estilo de vida americano (y más concretamente texano) que podría resultar vindicatorio de no ser porque contiene también elementos que, sobre todo para el espectador europeo y latino, pueden resultar aterradores (la inestabilidad económica permanente que sitúa a la clase media trabajadora siempre a un paso del abismo, la neurosis, las relaciones sentimentales conflictivas, la agotadora e inacabable competitividad).

 

Pero por encima de todo “Boyhood” tiene la capacidad de atrapar sentimentalmente al espectador (más bien a algunos espectadores, otros sentirán que están ante una tomadura de pelo, una postura que respeto y entiendo pero que desde luego no comparto) mediante una serie de referencias, en este caso atemporales y no adscritas a ninguna sociedad en particular, que apelan a la experiencia más íntima del ser humano (del mismo modo que lo hacía, aunque en un tono bien diferente, la también esencial “El árbol de la vida”). Cada espectador puede descubrir en esta película el momento que puede tocarle el corazón (en mi caso fue esa escena en la que la familia elimina las huellas de su paso por uno de los muchos hogares que tiene que abandonar a lo largo de los años), pero no creo que nadie pueda evitar sentirse conmovido por ese momento que casi cierra el filme en el que la madre de Mason ejercita un monólogo sobre el paso del tiempo que ríete tú de la magdalena de Proust y del plano que cierra “Toy Story 3”.

 

En resumen una experiencia cinematográfica que nadie debería perderse.         



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Tuesday, August 19, 2014

NUIT PERMET LE JOUR




El 12 de enero de 2013 puse en este blog mi crítica de la película “Los Miserables”, en la sección de comentarios explicaba que, como parte de la buena impresión que me produjo el argumento del filme, había decidido abordar el original literario. Hoy, más de un año y medio después, he conseguido terminarlo.




Podría aducir para justificar la tardanza la extensión del libro (2000 páginas de vellón por más que la lectura se haya producido en el entrañable soporte de un libro de pasta dura de páginas nunca antes despegadas y de traducción antigua en la que se convierte un Jean en un Juan) o como cada vez es más complicado leer a medida que aumentan las distracciones que dificultan ese ejercicio (cuando tenía 13 años posiblemente leía el doble de lo que leo ahora).

 

Pero lo cierto es que la explicación tiene algo más que ver con lo que también comentábamos a propósito de la lectura de “Moby Dick” y en ocasiones anteriores sobre otros autores clásicos y populares del Siglo XIX. Puede resultar arriesgado hacer una valoración conjunta de la amplia y variada literatura de dicho siglo pero lo cierto es que la tendencia al enciclopedismo de algunos escritores de entonces resulta cuanto menos sorprendente cuando se leen hoy en día. En el mencionado caso de “Moby Dick” se comprobaba cómo el célebre relato no parecía otra cosa que un concienzudo tratado de cetología camuflado de libro de aventuras marinas. Asimismo en algunas obras de Julio Verne ocurría otro tanto, la historia narrada en “20.000 leguas de viaje submarino” se veía continuamente alternada con extensas descripciones de la fauna, la flora y la geografía submarina,  “De la Tierra a la Luna” tuve que abandonarlo al encontrarme empantanado por inacabables disquisiciones sobre astronomía, física, hipérbola y parábola. Y según me han dicho con “Viaje al centro de la Tierra” ocurre otro tanto en lo que respecto a la geología.




Es posible que muchos de estos autores se vieran en la obligación de proporcionar al lector no sólo un relato apasionante, sino también un acompañamiento de conocimientos didácticos de imposible o difícil adquisición en una época en la que la ignorancia sobre el mundo y sus circunstancias era la norma casi general, incluso en el escaso porcentaje de población que sabía leer.

 

En el caso de Víctor Hugo y otros autores cuasi contemporáneos suyos  como Balzac, Flaubert y compañía  se aprecia, por encima de cualquier veleidad artística, un deseo de retratar la estructura de la sociedad en la que vivían.  Sin embargo cuando leí “Madame Bovary” por ejemplo, las detalladas descripciones que se hacían de la pequeña comunidad rural en la que se desarrollaba la acción y de los hombres y mujeres que la habitaban no me parecieron tan extrañas al cuerpo de la historia como me ha resultado en el libro que nos ocupa, aunque tampoco he tenido la sensación de estar leyendo un tratado pseudo-científico con un barniz dramático como en el ya mencionado caso de Moby Dick. Aquí pienso sencillamente que el bueno de Don Víctor se iba por los cerros de Úbeda de vez en cuando.





El libro comienza de modo bastante desalentador dedicando las primeras 78 páginas a describir la vida y milagros del Obispo Myriel cuya función en la historia es importante (reconducir al salvaje Jean Valjean hacia los linderos de la santidad) pero en absoluta merecedora de tal minuciosidad.  Y esta es más o menos la tónica que prosigue a lo largo del libro, en el que se alterna el argumento que todos más o menos conocemos con insertos sorprendentes como ese que tiene lugar en el comienzo de la segunda parte en el que se emplean otros 83 páginas en una narración de la batalla de Waterloo sólo porque es allí donde tiene lugar el encuentro entre Thernadier y el padre de Marius.

 

Pero la cosa se empieza a poner verdaderamente fea (tanto que ahí estuve a punto de abandonar la lectura o peor aún, saltarme directamente según qué partes) cuando el autor dedica otra larga parrafada a contar con pelos y señales la historia de la orden religiosa en la que Valjean y Cosette se refugian de la policía. Y cuando Víctor Hugo interrumpe el apasionante relato de la huída de Valjean con Marius a cuestas a través de las catacumbas de París para iniciar un estomagante estudio del pasado, presente y futuro del alcantarillado de la ciudad de las luces ya dan ganas directamente de resucitar al barbón para volver a mandarlo a la tumba.




No quiero desanimar a nadie de la lectura de un clásico inmortal que ha jugado un papel tan destacado en la cultura occidental (y cuya influencia llega incluso hasta nuestros días con la película anteriormente mencionada) y que sin duda abunda en momentos inolvidables (como la desgarradora narración de la caída en desgracia de Fantine o el célebre episodio del levantamiento de 1832) pero está claro que el hipotético lector debe acercase a dicho clásico con las prevenciones oportunas, teniendo en cuenta además que, como por otro lado suele ser habitual en las novelas decimonónicas o al menos en las que he leído, los personajes principales (Jean Valjean, Marius, Cosette) suelen ser estereotipados e incongruentes y su principal función es servir de marco para que muchos otros (Fantine, los jóvenes revolucionarios, el fanático funcionario Javert, los Thernadier, Eponine, Gavroche y  los demás habitantes del arroyo) nos desborden con su humanidad. Porque al fin y al cabo es la humanidad (ya sea la del siglo XIX o la del presente pues ya advertimos en su momento las aterradoras similitudes entre la historia de entonces y la que hoy nos atormenta) la verdadera protagonista de este drama.

    




Thursday, July 17, 2014

SESIÓN DOBLE ESQUIZOIDE

IN TROUGH THE OUT WINDOW




En este blog hemos seguido estrechamente la carrera profesional de Nacho Vigalondo aunque tampoco es que haya sido muy dilatada la verdad. Obviamente no hablamos en su día de su irrupción en el panorama cinematográfico nacional, a través la nominación al Oscar por el mejor cortometraje, por tratarse de algo que sucedió antes del nacimiento del blog pero luego hemos comentado sus siguientes estrenos así como su desafortunada polémica virtual a cuenta de una desagradable chanza sobre el holocausto.

Ahora, dos años después de su último filme y seis después del primero (muy a favor de los directores que espacian tanto sus proyectos aunque es inevitable pensar cómo se ganan la vida entre medio especialmente cuando se trata de realizadores de proyectos con escaso éxito en taquilla) llega “Open Windows”, una película en la que me decidí a entrar sin saber nada a excepción de ciertos comentarios lisonjeros emitidos por personas públicas y privadas cuya opinión suelo tener en cuenta.

Lo cierto es que ese desconocimiento previo provocó que desconociera asimismo el hecho de que se trataba de un producción protagonizada en su mayoría por actores no españoles, con lo cual fue filmada en versión original en inglés y luego doblada para su estreno en nuestro país, de haberlo sabido posiblemente hubiera esperado a hacerme con la película por los habituales canales secundarios porque el doblaje en esta ocasión es especialmente infecto (indescriptible la experiencia de ver a Carlos Areces con otra voz).

Aparte de esto hay que decir que “Open Windows” es básicamente una historia puesta al servicio de una forma especial de narrar que consiste en mostrar la acción a través de los objetivos de diversas herramientas de grabación y difusión de imágenes, especialmente desde la pantalla de un ordenador portátil, es decir no existe lo que llamaríamos una cámara-objetivo que represente la visión en tercera persona que tradicionalmente corresponde al espectador. Es pues como ya hemos dicho una de esas películas en las que la forma se superpone al fondo (existe cierta disquisición sobre los efectos efímeros de la fama y sobre la influencia de las nuevas formas de comunicación en la experiencia social moderna pero es demasiado difusa como para ser tenida en cuenta) en una especie de desafío personal del director por ser capaz de llevar a buen fin una forma de narración no exenta de dificultades, lo cierto es que Vigalondo consigue sobreponerse con brillantez a dichas dificultades por más que por el camino se atasque en una trama demasiado extravagante y en el fondo carente de interés.

Conociendo un poco la trayectoria y las ideas del realizador no es difícil adivinar que estamos sobre todo ante el filme pergeñado por un mitómano postmoderno (ese tipo de cineastas que nación a principios de los noventa con Quentin Tarantino al frente) al que le ilusionaba hacer un homenaje a Brian de Palma (por más que todo el mundo mencione la influencia de Hitchcock en “Open Windows” mi opinión es que se trata de un claro homenaje al director norteamericano) que además estuviese protagonizado por su actriz porno favorita.


IM A CYBORG BUT ITS OK




Basada en un best seller dirigido a jovenzuelos, el argumento (que básicamente se podría resumir como perteneciente al subgénero “joven y condenada a morir”) y el desarrollo de una película como esta no debería disgustar a alguien que, como yo, disfruta de los placeres culpables de los telefilmes de sobremesa que programa Antena 3 sábados y domingos.

Lo gracioso de las películas que no pretenden ser la típica “historia de algo” (en este caso se trata de personajes con enfermedades terminales pero se podría decir lo mismo de cualquier otro género o subgénero), es que por supuesto terminan por serlo e incluso de una forma más típica de lo normal lo cual me parece perfecto porque es exactamente lo que pretendía ver. La película de este modo responde a las expectativas creadas de forma completa y sólo alguien que no estuviera informado previamente del contenido y del tono del filme puede quedar sorprendido o defraudado por el espectáculo.

La sensación que transmite el visionado de esta película es cálida aunque es cierto que se trata de una calidez algo complaciente, como cuando te sientas a ver un partido de Copa del Rey entre tú equipo y otro de segunda división y ya sabes que tú equipo va a ganar por goleada, aunque, como en el caso de la alegoría futbolera, todo está resuelto demasiado pronto y suele sobrar la segunda parte, algo parecido ocurre aquí, la película dura demasiado sobre todo para este tipo de argumentos (y personajes) tan simples que se pueden explicar en cuatro líneas y en los que no es posible ninguna sorpresa o giro extravagante.

Sunday, June 22, 2014

DIEZ PASOS VACILANTES EN LA ZONA CREPUSCULAR. NOVENO PASO. TO SERVE MAN.





Emitido por primera vez el 2 de Marzo de 1962 durante la tercera temporada.

 

Es este un episodio también muy conocido y popular (homenajeado al igual que el anterior por “Los Simpsons”) pero que al mismo tiempo marca un tono diferente al resto de la serie. Como se ha dicho numerosas veces a lo largo de esta pequeña antología, muchos de las narraciones presentadas por Serling tienen una marcada finalidad moral o de alegoría sobre la condición humana (ya sea en su vertiente más optimista como en su reverso tenebroso), en algunas otras en cambio se rebaja (aunque nunca hasta el punto de desaparecer del todo) dicho contenido para regalarnos relatos de puro terror y/o ciencia ficción. Sin embargo este es el único capítulo que recuerdo que pueda calificarse plenamente como un cuento de horror en su vertiente más grotesca y grandguiñolesca (de las diferencias entre el terror y el horror se pueden encontrar diversas teorías yo me basto con afirmar que teniendo claras dichas diferencias me resulta difícil definirlas en palabras), una historia que no deja esa sensación reflexiva y gozosa, aunque distante, del tradicional relato de miedo sino un estremecimiento igualmente gozoso pero mucho más desagradable.

 

Basado en un cuento homónimo  aunque guionizador por el propio Serling, el punto de partida en esta ocasión es el clásico conflicto argumental de postguerra de la tierra visitada por unos alienígenas (denominados “kanamitas”)  que en esta ocasión adoptan el aspecto de humanoides extraordinariamente altos y de cabeza prominente (un semblante que produce al mismo tiempo hilaridad e inquietud) y que traen consigo un mensaje de paz y concordia entre razas. Cuando uno de los kanamitas  se deja olvidado un libro en su visita a la Asamblea de las Naciones Unidas las fuerzas armadas se empeñan en descifrarlo, una labor que termina por precipitar la acción hacia un escalofriante final (lo sigue siendo aún pero una vez más hay que hacer un esfuerzo por imaginar lo que tuvo que suponer en su día) que tiene mucho que ver con el doble sentido que se oculta tras la frase que da título a este episodio.

 

Como anécdota contar que los diferentes alienígenas que aparecen en el capítulo están todos ellos encarnados por Richard Kiel que años más tarde dio vida al villano”Jaws” en un par de películas de James Bond.     

Sunday, June 08, 2014

KING FOR A DAY FOOL FOR A LIFE TIME

El bloqueo bloggeril sigue siendo inapelable, en estas circunstancias vuelvo a recuperar una entrada que por sus circunstancias (monarquía, censura, cinegética), resulta inquietantemente actual. http://sisterboydrama.blogspot.com.es/search?q=oso+bicicleta

Saturday, May 24, 2014

Okerbideak ezpaitaki mintzaerarik, berdin tratazen baitu erdalduna eta euskalduna


No tenía pensado ir a ver esta película, no por española (la verdad es que veo bastantes de esa nacionalidad) sino porque en general detesto esta clase de comedias independientemente del país en el que se hayan producido. Pero por razones inexplicables incluso para los propios autores del asunto la película se ha convertido no ya en un éxito de taquilla (la película española más vista en España o algo así) sino en un fenómeno social con repercusiones insospechadas, prensa del corazón incluida.


Lo que distingue a una película con una recaudación normal (lo que en estos días ya es un gran logro) de un súper éxito es que los súper éxitos los va a ver todo el mundo, especialmente gente que por lo general nunca va al cine (la han ido a ver todos y cada uno de los miembros de mi familia directa, alguno de los cuales pisaba una sala de exhibición por primera vez en lo que llevamos de década). Y “Ocho apellidos vascos” la ha ido a ver todo el mundo y yo qué quieren que les diga, soy muy mundo y como pienso que “el hombre debe participar del devenir histórico de su época so pena de que se le juzgue por no haber venido” (como dijo quien lo dijera) al final he terminado por pasar por el aro.


Supongo que algo ha tenido que ver en origen el enorme éxito en su momento que (en su país) tuvo la francesa “Bienvenidos al Norte” (Bienvenue chez les Ch'tis), un filme donde también se ironizaba con el contraste entre la tradicional idiosincrasia de diferentes zonas del país (en este caso el sur refinado y civilizado frente a las tosquedad norteña). La película jugaba con ventaja porque los tópicos regionales son una apuesta segura en casi cualquier cultura, debido a ello algún tiempo más tarde la historia tuvo su reflejo en una producción italiana (en esta ocasión con el orden cardinal invertido) y era de esperar que aquí ocurriera algo semejante.


En esta ocasión ha sido Emilio Martínez Lázaro (un director que acumula en su historial un buen porcentaje de las películas españolas más populares de las últimas décadas lo que lo convierte en algo así como un realizador solvente) el encargado de llevar a cabo la tarea de poner en pantalla en forma jocosa algunos de los tópicos regionales más comunes en nuestro país.

 No obstante parece lógico pensar que los autores intelectuales del asunto hayan sido el dúo de guionistas Borja Cobeaga y Diego San José, dos profesionales pertenecientes a la misma generación y unidos además por el hecho de su origen guipuzcoano y por una carrera que se ha desarrollado básicamente en programas de la pequeña pantalla. Y aquí es donde empieza el problema, desconozco los entresijos de la gestación del proyecto pero repito que me da la sensación de que estamos ante una película de guionistas, y además de guionistas de programas de televisión. Esto se adivina ya desde el comienzo del filme con esas primeras escenas en que se detalla el encuentro entre Amaia y Rafa (todo un descubrimiento Dani Rovira por cierto, que me parece el mejor actor de la película por encima del muy elogiado Karra Elejalde) donde la extraordinariamente anticinematográfica manera en la que se introduce la historia muestra a las claras un apresuramiento por llegar al territorio que de verdad interesa a los autores del argumento: colocar a un capillita andaluz en un pueblo vasco y desgranar una serie de chistes previamente escritos posiblemente desde hace años.

No digo que la película no tenga gracia, que la tiene, en ocasiones mucha y en ocasiones vergonzantemente poca, tampoco me molesta el inacabable desfile de tópicos, eso es algo con lo que un espectador medianamente informado ya contaba antes de entrar y resultaría inverosímil quejarse de ello. El problema es que estamos ante un mal guión dentro de una película mal dirigida donde los sketchs predominan antes que cualquier sentido a la hora de desarrollar un argumento cuando debería ser al revés.

 Pero repito que nos encontramos ante un ejercicio –en ocasiones- simpático de reírse de los prejuicios de una España que puede que en el fondo no se diferencia demasiado de la mostrada en pantalla, un ejercicio que posiblemente ha ido mucho más allá de lo que nadie esperaba y por razones demasiado complejas para ser explicadas de una forma lógica.