Wednesday, October 31, 2012

¡OTRA VEZ FELIZ CUMPLEAÑOS NO!



Yo, como casi la mayoría de los espectadores de mi generación, tuve noticias de “The twilight zone” por primera vez cuando se estrenó en España la película “En los límites de la realidad” (por alguna razón nadie ha querido traducir al español de forma literal el título de la serie que sería algo así como “La zona crepuscular”, otras traducciones igualmente libres hablan de “Dimensión desconocida”) allá por 1984. Aunque tardé unos años en verlo ya por entonces fue un filme muy comentado, de hecho recuerdo haber escuchado en un programa de radio el audio de la escena que prologaba la película, algo que por aquel entonces me causó una viva impresión.




Tarde algo más de tiempo en averiguar que las historias que se ilustraban en la cinta tenían su origen en una mítica serie que se emitió por la televisión estadounidense a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Los directores de los cuatro segmentos (John Landis autor del mencionado prólogo y del primer segmento, el único no basado directamente en un capítulo de la serie, Steven Spielberg realizador del segundo segmento basado en el episodio “Kick the can”, Joe Dante que dirigió el segmento tercero basado en el episodio “It´s a good life” y George Miller director del último segmento basado en el episodio “Nightmare at 20.000 feet”) nacieron entre 1945 y 1950 lo que significa que sin duda fueron entusiastas espectadores de la serie (pensada originalmente para un público adulto pero visionada de forma masiva por niños y adolescentes de la época).

El descubrimiento de la existencia de la “The twilight zone” como producto televisivo tuvo lugar una mañana de primavera de hará por lo menos veinte años cuando, matando el tiempo en la Biblioteca local (algo que todavía hago ahora y mejor no pensar en qué dice eso de mí),  me encontré con una pesada revista estacional (de esas que nadie compra y que sólo se encuentran en sitos subvencionados) en la que se desgranaba la apasionante historia de la gestación de esta serie y en la que se mencionaba por primera vez el nombre de su creador, Rod Serling.




Guardo un recuerdo especial de la fascinación (algo estimulada por el porrete que me había fumado previamente, todo hay que decirlo) que me produjo la lectura de aquella antología y el vivo deseo que abrigué desde entonces por lograr ver alguna vez la serie.

Como digo aquello fue hace muchos años, en una época en la que en la región más meridional de Europa no había muchas oportunidades de hacerse con un material de esa categoría. Años más tarde llegó el DVD y en uno de mis primeros vagabundeos por el recientemente inaugurado Corte Inglés local me encontré con el pack completo de la serie, aquel día cometí la torpeza de no comprarlo por el hecho de que aun no disponía de un reproductor, una decisión tan estúpida como la de coger un vuelo a Helsinki en pleno invierno y no comprarse un abrigo porque en el aeropuerto de Los Rodeos no hace frio. Me arrepentí bastante de aquello hasta que por fin llegó Internet (y más concretamente la tarifa plana) para ofrecer a todo aquel que tuviera interés una casi ilimitada gama de posibilidades con las que hacerse con todas las películas, telefilmes, series de televisión y documentales que el ingenio del hombre ha generado a lo largo de los últimos cien años.

A pesar de ello lo cierto es que tardé bastante tiempo en empezar la caza de la mítica serie sesentera hasta que un día por fin me puse a ello y tras algunas peripecias conseguí hacerme con todos y cada uno de los 156 episodios (con el añadido de una breve entrevista televisiva con Serling en un programa de televisión de la época) con sus correspondientes subtítulos razonablemente sincronizados. Comencé a verla en el verano de 2008 (como parte de la terapia para consolarme de un desengaño opositoril)  y termine hace unos pocos meses. Cuatro años pueden parecer demasiados pero este período tan extenso no se debió a la falta de interés (todo lo contrario) sino más bien a que consideraba el hecho de ver los capítulos de una serie de estas características algo digno de unas condiciones especiales de soledad y silencio que no se suelen dar muy a menudo, vamos que no se trataba de ver un vulgar episodio de “The Big Bang Theory” como esos que se echa uno al coleto en una pausa antes de cenar.






A medida que avanzaba en el visionado de la serie sentía la necesidad de compartir la experiencia de dicho visionado con alguien y como naturalmente dentro de ese “alguien” no podía incluirse a nadie con quien tuviera relación en la vida real, sólo quedaban ustedes escasos lectores de mis tribulaciones. No obstante tenía también la sensación de que la mera contemplación del espectáculo televisivo no bastaba para tratar, aunque sólo fuera superficialmente, un fenómeno mediático de tan amplias implicaciones sociales. El material existente en español que pude encontrar en Internet era, como suele ser habitual, disperso y poco fiable hasta que por fin llegó a mi conocimiento el que presumía ser como el primer libro dedicado íntegramente al análisis de la serie en nuestro idioma. 











Este libro, editado por “Scifiworld” y con el sello de calidad del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, está escrito a seis manos por un grupo de individuos que sólo tienen en común su origen barcelones y el haber nacido a mediados de los años setenta con lo cual se trata igualmente de personas que conocieron de la serie de una forma indirecta. La excepción es Tomás Fernandez Valenti nacido justo el año que concluyó la serie y que es además el único nombre que puede resultar familiar a los aficionados al cine por su peculiar manera de criticar películas en la revista “Dirigido” (ignoro si realiza semejante labor en algún otro medio).




El libro resultante contiene 430 páginas, no es excesivamente caro (no recuerdo lo que pagué por él pero hubiera dado el doble con gusto) y en efecto es una guía extraordinaria para todos aquellos que quieran adentrarse por primera vez en los misterios de la serie o para aquellos qué, como es mi caso sienten la necesidad de ir más allá del simple visionado de los capítulos.

De modo que ahora que existe un texto de referencia al que cualquier interesado puede acudir me ahorro el extenuante (y posiblemente fallido) trabajo de tratar de teorizar con mis propios medios sobre el significado del fenómeno TZ y me limitaré a contarles cuales son mis diez capítulos preferidos. No ha sido fácil llegar a estos diez (no voy a decir tampoco que todos los capítulos de la serie sean buenos, algunos son regulares y otros digamos que no creo que volviera a verlos) , en una primera selección yo he apartado 58 episodios que calificaría como dignos de figurar en esa top, pero está claro que un análisis sobre cada uno de ellos sería algo que excede de la intención de este comentario (que no es otra que despertar la curiosidad y extender si es posible el culto) así que no sin poco trabajo, repito, he logrado refinar la selección a la decena mencionada (que se comentara por orden de emisión). Pero será mejor ir al grano y comenzar a hablar ya sobre…

DIEZ PASOS VACILANTES EN LA ZONA CREPUSCULAR

Pero eso será otro día (o mejor otros días), así tendré posts de reserva para este momento de vacío bloguero que dura ya un año.

Saturday, October 27, 2012

Esta semana he visto...

Cuentan que cuando Alejandro Amenábar estaba en plena faena con “Los Otros” le llegaron noticias de que se acababa de estrenar un filme en el que se trataba el tema de los fantasmas desde el mismo punto de vista que él había ideado para su película. Algo semejante dicen también que le ha pasado a Pablo Berger, el director de esta nueva versión de “Blancanieves”, versión en blanco y negro y muda exactamente igual que “The artist”, la sorprendente película que arrasó en las taquillas de todo el mundo el año pasado. Ignoro si tal anécdota es autentica pero si así fuera qué duda cabe que entroncaría con la fatalista tradición española del inventor al que se le adelantan en el último minuto (Isaac Peral y otros ejemplos por el estilo) lo cual sería paradójico teniendo en cuenta la clara vocación españolista que Berger le ha dado a esta historia de toda la vida.

Porque de eso se trata básicamente “Blancanieves”, de trasladar el cuento de los hermanos Grimm a la España de 1929 y es precisamente el año en que se ambienta la acción el único motivo lógico por el que los autores del filme pueden razonar el hecho de haber elegido los recursos antes mencionados para contar su historia. Es posible que dichas razones no sean tan explicables como los que motivaron la filmación de “The Artist” pero al fin y al cabo esto sería lo de menos. “Blancanieves” es una película muy buena y no hay nada en ella que pueda disgustar en cuanto a su realización: excelente fotografía, inmejorable ambientación musical, estupendas actuaciones (Desde Maribel Verdú a las dos actrices que interpretan a Blancanieves pasando por los enanos que son para llevárselos a casa) y un guión que, siguiendo los parámetros del relato original, introduce algunas novedades interesantes. Sin embargo lo cierto es que la película no es otra cosa que el viejo cuento de los hermanos Grimm pasado al ajillo, y todo ese desfile de toreros, manolas, folklóricas, guardias civiles, seres deformes, lugareños desdentados, sol, alacranes y esparto al final transmiten la desagradable sensación de esta contemplando un espectáculo para turistas.


No me gustan los thrillers ni tampoco las películas de  Bruce Willis así que procuro no ver thrillers sobre todo si Bruce Willis sale en ellos. De este modo no pensaba ver “Looper” (tanto así que había tirado el bono de dos euros que me habían dado cuando fui a ver “Blancanieves”) pero una buena crítica de Jordi Costa y algunos otros comentarios elogiosos (en contraste con algunos otros poco o nada lisonjeros) me animaron para ir a verla.

“Looper” es una película sumamente extraña  que tiene a bien cambiar de registro varias veces durante su metraje. En un principio de no ser por el empaque de sus protagonistas principales se diría que estamos ante uno de esos ejercicios de Serie B moderna; simple, simpático y sin pretensiones (un poco al estilo de la entrañable “El sonido del trueno”). De hecho mientras veía esta parte de la película pensaba que estaba contemplando la producción de ciencia ficción más barata de la historia después de “Primer” y “Alphaville”. En esta fase del filme la acción es tan rápida y el desarrollo tan directo que con la primera hora de metraje se podría completar una película entera o más bien un capitulo de una hora de alguna serie de ciencia ficción o fantasía. Repito que es imposible no sentir simpatía por esta forma de rodar por su honestidad y falta de pretensiones.

Sin embargo, y tal como se ha comentado al principio, el cambio de estilo que registra la película provoca una cierta confusión en el espectador y una no muy agradable sensación de desequilibrio en el ritmo, además de conectarla con producciones más “serias” de temática semejante como “Terminator”.  El tono de esta parte del filme da paso a un enfoque más dramático y filosófico y, paradójicamente, más cuidado en cuanto a la técnica y al trabajo de los actores, hay gente que preferirá la primera parte de la historia y les hará menos gracia la segunda, también estará el caso contrario, yo personalmente me siento más estimulado por el enfoque de puro cine negro de serie B que por el resto del argumento aunque este último no me desagrada en absoluto.

En fin, que “Looper” me ha parecido un estupendo entretenimiento en el que, frivolizando un poco, me ha llamado la atención el terrible aspecto de Joseph Gordon-Levitt, no sé si ha sufrido alguna clase de accidente o es que de forma premeditada le han puesto feísimo para esta peli. En cuanto a Bruce Willis destacar que, tras treinta años interpretando a personajes que parecían mucho mayores de lo que él mismo era, por fin no sólo hace de persona mayor sino que además lo es, a los casi sesenta años ya debería estar pensando en otro tipo de papeles.             


Sunday, October 21, 2012

Esta semana he visto y he leído...



Soy de esos a los que les pone a cien esa advertencia de “Basado en hechos reales” que precede al inicio de alguna sesión, pero es una recurso que algunos critican por considerar que pretende fomentar un falso valor social añadido al simple valor artístico de una película.

Considero sin embargo que en el caso de “Compliance” esta advertencia es imprescindible porque de no ser por ella simplemente nadie podría creerse una historia como esta que sin embargo es totalmente verídica y está perfectamente documentada (el que quiera saber más sobre el tema sólo tiene que teclear “Louise Ogborn” en el buscador de Google).

Y es además ese carácter de dramatización de un hecho real el que le da el auténtico interés a esta producción que aunque careciera de cualidades artísticas (que en mi opinión no es el caso) seguiría quedando validada por las cuestiones que plantea acerca de la obediencia y la sumisión a la autoridad, unas cuestiones mucho más desasosegantes que las expresadas por los experimentos de Milgram y el de la Universidad de Stanford ya que en este caso no se trata de un ejercicio controlado sino de una experiencia cruda y de alcance imprevisible.

Para mí uno de los filmes más interesantes del año al que sólo objetaría las escasas cualidades de la actriz protagonista del drama y un cambio en el punto de vista de la acción que estropea un poco el excelente tono elegido hasta ese momento para narrar el argumento. Pero será mejor no añadir nada más excepto recomendar el visionado de esta sorprendente historia que comienza con una llamada telefónica a un establecimiento de comida rápida de Ohio….    






Después de la abracadabrante experiencia de “Caravaggio” no es que me quedaran demasiadas ganas de ver otra heterodoxa biografía firmada por Derek Jarman pero dada la escasa duración de ésta (75 minutos), que era una proyección gratuita  y que además trataba sobre un filósofo del que tenía buen recuerdo de mis años de instituto pensé que no había mucho que perder.

Hablamos de Wittgenstein y el buen recuerdo que tenía de él proviene de que su biografía era casi más interesante (no como la de la araña de Kant que no se movió de su pueblo ni para hacer la mili)  que su obra que por otro lado era tan indescifrable como la del resto de filósofos del curso (aunque sin llegar al nivel de horror de Sartre) y además era un hombre de buen aspecto e incluso diría que atractivo cuando lo normal es que estos individuos sean más feos que Picio.

La película es por supuesto una marcianada (dicho sea incluso en sentido literal) marca de la casa Jarman pero resulta de visión agradable y contiene algunas discusiones de carácter filosófico bastante interesantes y no demasiado complicadas. En el caso (poco probable) de que alguien quisiera quejarse por la irreverencia con la que se trata a una figura histórica de esta categoría habría que responderle que no hay mucho con lo que compararla porque no conozco demasiadas películas biográficas sobre filósofos, de hecho creo que esta es la única de la que he oído hablar.  





Aparentemente Cronemberg se había despedido de la nueva carne con “eXistenZ” y de la parte de su cine más heterodoxa con “Spider. Tras estos dos títulos vinieron una serie de tres que contaban historias muy diferentes a las que Cronemberg solía filmar y que además estaban narradas en un estilo difícil de identificar. Parecía pues que el director canadiense simplemente quería dejar atrás una parte de su carrera o que a su edad (no se puede pedir a un señor de casi setenta años que prosiga con sus disquisiciones sobre la fusión entre carne y metal) deseaba explorar otra clase de narrativa.

Pero hete aquí que llega “Cosmópolis”  en lo que parece un intento de recuperar el lenguaje de títulos del pasado y digo intentar de forma literal. De hecho la película me ha recordado a aquel otro intento de Martin Scorcese de volver a las paranoias de su pasado setentero con la fallida “Bringing out the dead´”. La sensación de tiro con pólvora mojada es idéntica con “Cosmópolis” que me ha resultado desequilibrada, sin ritmo, sin escenas capaces de atrapar al espectador, difícilmente comprensible y con diálogos y situaciones que rozan lo ridículo. En resumen me ha parecido un doloroso despropósito.

Pero Cronemberg nos ha dado tanto que me siento obligado a darle otra oportunidad así que tras pasar por taquilla como un cinéfilo civilizado he “comprado” la película para poder verla en mejores condiciones, es decir en versión original (se nota que es uno de esos filmes a los que el doblaje afecta muchísimo y no sería la primera vez que una película que había detestado en su versión doblada terminara por gustarme al volver a verla en inglés) y sin echar una cabezadita cada quince minutos. Ya veremos qué pasa.          


Proseguimos el repaso de algunos títulos del festival de Sitges de este año aclarando que NO he estado en Sitges este año, que más quisiera yo que haber pasado el inicio del otoño en ese simpático festival (o al menos lo era en el año 2000, ahora creo que va demasiada gente).

En esta ocasión hablaremos de V/H/S, un filme en el que confluyen una estructura narrativa que recuerda a las viejas películas de terror compuestas de varios episodios con un nexo común (“Asylum”, llamada en España “Refugio Macabro” es el título que siempre me viene a la cabeza cuando hablamos de este tipo de historias) y una manera de filmar directamente heredera de la pequeña revolución que en el género supuso el estreno de “El proyecto de la bruja de Blair” (que de no conviene olvidar que era una versión modernizada y con un tono rebajado para todos los públicos de “Holocausto Caníbal”)

Al igual que en aquella película, “V/H/S” utiliza el recurso del “found footage” para mostrar casi dos horas de metraje en cámara subjetiva utilizando multitud de variantes (incluyendo un episodio narrado enteramente por medio de webcam), algunas de las cuales consiguen salvar con brillantez el eterno problema de este forma de narración (“¿qué coño hago filmando al tipo que me va a sacar las tripas?”). A pesar de ser evidentemente un producto para audiencias juveniles no demasiado exigentes la película contiene numerosas escenas de gran brillantez y, lo que es más importante, que dan un miedo del carajo. Hay una especialmente que sirve de presentación para una de las criaturas más terroríficas que  se han podido ver en pantalla en lo que llevamos de década. En resumen un producto más que recomendable para una buena noche de Halloween.                 



Siempre me resulta difícil hablar de películas de animación así que basta decir que me parece (a falta de ver “Sweeney Todd” y “Alicia en el país de las maravillas”, algo que no sé si llegará a suceder alguna vez) lo mejor que ha hecho Tim Burton  desde “Ed Wood” ¡y ya han pasado casi veinte años”.



Había oído hablar de Josep Pla pero nunca pensé que acabaría leyendo una de sus obras hasta que me encontré por casualidad con “Viaje a America” y como me gustan tanto los libros de viajes (de hecho me gustan más que los viajes en sí) decidí meterle mano.

Aunque no se hace referencia específicamente durante la crónica, por los datos históricos que se mencionan la aventura debió desarrollarse a finales de los cincuenta y lo más interesante reside precisamente en la descripción de la vida en los tres países visitados (EEUU y más concretamente Nueva York junto con Argentina y Brasil) así como en las expectativas (unas acertadas y otras no) de cómo se desenvolverán en el futuro dichos países. Lo menos valioso del libro es cuando Pla abandona el tono meramente descriptivo y se convierte en un analista socio-económico, también resulta un tanto irritante su machacona insistencia en el anti socialismo (ya se trate del soviético o de la versión bananera del peronismo) y el anti europeismo. Pero con todo lo más sorprendente para el lector de nuestros días es el uso de expresiones racistas  (con perlas como “Ello hace que en esta calle ahora, en verano, se produzca una temperatura de horno, un vaho asfixiante, que la presencia de tantos negros y mulatos parece todavía aumentar” o esta otra “..una misión para convertir a los indios a la catolicidad y sacarles de su desnudez primigenia, pueril y salvaje”) que no por impremeditado y acorde con los años en los que fue escrito resulta menos sobrecogedor.

P.D.

He vuelto a ver "Cosmópolis" como Dios manda, esto es en versión original y sin quedarme dormido. Mejora algo pero es como coger un cadaver ensangrentado y lavarlo y vestirlo: tiene mejor aspecto pero sigue estando muerto  

Friday, October 12, 2012

Lo insecable




Juan Antonio Bayona dio la campanada hace unos años con “El Orfanato”, el hecho de por qué un director desconocido consiguió triunfar con su primer largometraje es uno de los misterios de la industria del cine, sobre todo cuando en cada temporada surge alguna otra opera prima de un director igualmente novel con las mismas pretensiones de éxito que casi siempre se ven frustradas. El comentario general acerca de “El Orfanato” fue que era un producto bien hecho y de visión agradable (o al menos no desagradable) en el que todos los elementos que conforman un espectáculo cinematográfico estaban usados con eficacia aunque sin brillantez.

Para “Lo imposible” Bayona ha elegido un género igualmente bien definido: el del drama de la vida real, en este caso vinculado a una catástrofe natural (por más que la película no sea en absoluto un film de catástrofes), el hecho de que los auténticos protagonistas de dicho drama fueran españoles y que al final la película se haya rodado en inglés y con actores también ingleses no responde a otro hecho que la propia, legítima y sincera vocación de la película por dirigirse al mayor sector del público, y no sólo del público de nuestro país. Aunque por otro lado es una decisión que aplaudo, tengo la (admito que prejuiciosa) sensación de que este mismo tipo de filme con actores españoles hubiera sido una papa (¿Belén Rueda haciendo lo que hace aquí Naomi Watts?).

Hablando ya de la película en sí tendría en primer lugar que unirme al coro de  voces que elogian los primeros 50 minutos de la proyección como un prodigio de buen cine: actuaciones brillantes, fotografía cuidada, extraordinarios efectos especiales y diseño de producción y una progresión dramática brillante, eché en falta, eso sí, una introducción algo más extensa que nos contara más cosas de esa familia cuyo destino se supone que nos tiene que interesar, apenas hay algún apunte sobre el carácter de los protagonistas, al contrario, paradójicamente, del tradicional y menospreciado cine de catástrofes para los que el drama humano era casi tan importante como las tremendistas apocalipsis en los que dichos dramas se desarrollaban.

Estoy de acuerdo igualmente en que el argumento decae un poco a partir de la hora de proyección pero no creo que esto sea culpa de los autores del filme, es una característica que deviene de la propia historia que se está contando. Una de las cosas más notables que habría que decir de “Lo imposible” es que no ocurre en ella nada extraordinario ni de una significación dramática especialmente notable (si exceptuamos la mayor o menor implicación emocional de cada espectador), y desde luego no ocurre nada “imposible”. Es sólo que cierto día del año 2004 se produjo un desplazamiento del suelo marino que empujo una masa de agua que, por sus características como fluido, no pudo readaptarse al nuevo espacio y se acumuló formando una bolsa que se desplazó en todas direcciones buscando su sitio, un fenómeno físico que casualmente pilló en su camino a un cuarto de millón de seres humanos, entre ellos algunos miles de occidentales que dejaron constancia del suceso con profusión de grabaciones de toda clase.

A partir de ese hecho imprevisible, inevitable y en el fondo vulgar se producen una serie de reacciones humanas detalladas de forma realista pero entre las que no hay grandes hazañas ni comportamientos extraordinariamente heroicos o mezquinos, las víctimas actúan bajo la influencia de la confusión, el terror, la angustia y el dolor comportándose más o menos como lo haríamos  todos en circunstancias semejantes, algunos critican a Bayona el hecho de que se haya apegado excesivamente a la realidad (dicho sea esto desconociendo totalmente cómo se desarrolló la historia auténtica), a mí sin embargo me parece una postura defendible e incluso valiente. Es cierto también que posiblemente la carga dramática de la historia se acentúa en su tramo final de una manera quizás excesiva pero una vez más esto sólo puede ser comentado desde un punto de vista personal, a muchos (como a mí) les ha causado esa sensación, a otros la contraria.

En definitiva “Lo imposible” es al drama lo que “El orfanato” es al terror: un producto serio, bien hecho, que no desagrada y que a buen seguro será un éxito, algo de lo que me alegraría aunque sólo fuera por motivos patrióticos, quiero que al cine español le vaya bien  al igual que quiero que a la industria es española del cultivo de la berenjena le vaya bien por más que no pienso comerme una en la vida.     



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Thursday, October 04, 2012

Esta semana he visto




Admitiendo de entrada la indiscutible importancia e influencia que la obra de John Cassavetes ha tenido en el devenir del cine moderno, hay que admitir también que la contemplación de dicha obra no resulta un ejercicio demasiado placentero (excepción hecha de “Gloria” y sobre todo de “Husbands” que me parece su obra maestra).

“Faces” en concreto es la historia de un matrimonio de mediana edad en plena crisis que decide buscar consuelo a su alineación en un doble adulterio. La cuestión es que este argumento se desarrolla a través de largas escenas en las que los protagonistas actúan bajo alguna especie de locura colectiva que les hace comportarse de un modo histérico y desequilibrado, tanto que si alguna intención de radiografía social tenía el filme (la descomposición de un matrimonio, los débiles cimientos sobre los que se asienta la clase media, la confusión de la sociedad dominante ante el cambio cultural que en 1968 estaba en su apogeo y bla bla bla) queda sin duda amortiguada por el espectáculo de unos actores que parecen haber sido estimulados con LSD antes de empezar a rodar.

En definitiva un filme de esos que hay que ver con la armadura de cinéfilo puesta, una sensación que cada vez encuentro más desagradable aunque la película en sí no me ha desagradado en absoluto.    






Antes de ver “The deep blue sea” ya tenía “Distant voices” en la cartera pero qué duda cabe de que la agradable (es un decir) experiencia de la primera me llevó a interesarme por la segunda.

Una de esas películas de las que hay poco que hablar y sí mucho que ver y sobre todo escuchar. Pero por decir algo me ha resultado una experiencia similar a la de “This happy breed” (“La vida manda”) pero con canciones. También me ha recordado a “La familia” de Ettore Scola e incluso un poco a “El árbol de la vida”, cuatro películas que tienen en común el empeño por capturar un momento no sólo de la vida de sus protagonistas sino incluso la de un país entero, empeño que sólo algunos cineastas tienen el don de materializar.      





Una producción hispano-colombiana con una propuesta argumental que trailers y sinopsis periodísticas se encargaron de estropear de una manera incomprensible.

La película adolece de ciertos deméritos habituales como un guión con demasiados parches y atajos vergonzantes y unas interpretaciones defectuosas que por desgracia afectan más a la parte española que a la colombiana (en concreto Quim Gutiérrez está pésimo, se supone que es un director de orquesta y tiene un aspecto que sólo le autorizaría a dirigir la Charanga del Tío Honorio). Pero sobre todo carece de unas intenciones claras dedicándose a  oscilar entre el drama romántico y la simple historia de horror aunque hay que decir que resulta más estimable en la segunda faceta que en la primera.

En fin si consiguen verla sin saber absolutamente nada de ella puede que pasen un buen rato aunque sinceramente lo que se cuenta hubiera tenido mejor cabida en un capítulo de una hora de alguna serie al estilo de “Alfred Hitchcock presenta”.