Sunday, March 21, 2010

No le veo la gracia ni el misterio a ser funcionario de un ministerio



No soy muy partidario de tratar asuntos demasiado personales en los blogs, no por pudor sino por que no considero que la vida y circunstancias personales resulten interesantes la mayor parte de las veces. Y cuando sí lo resultan suelen ser cosas imposibles de reproducir por escrito en un medio en el que existe la posibilidad de que la policía te identifique.

De tal modo posiblemente ustedes jamas se hubiesen enterado de mis tribulaciones opositoriles de no ser por que la sagaz Ra supo leer entre líneas en una entrada en la que adelantaba el poco tiempo del que iba a disponer para escribir en el blog

Ahora una vez pasada la euforia (tampoco tanto, lo que he sentido es más bien alivio, como cuando te dicen que el tumor es benigno o te das cuenta de que tu hermano no iba en el avión que se estrelló el mismo día que tenía que coger un vuelo desde ese aeropuerto.) me gustaría hacer unas reflexiones que sirvan para finalizar con esta cuestión y con cualquier otra de índole personal en el futuro.

Aunque el deseo de ser funcionario es algo que ronda siempre en la psique de todo español (como el de ganar la loteria o participar en un trío) lo cierto es que no empecé a tomarme en serio el asunto hasta que por una casualidad estuve trabajando seis meses en una oficina pública. Yo acababa de salir de una desgracidada experiencia en un trabajo en el sector privado y el ambiente laboral en el ministerio en el que hice mi semestre me resultó bastante relajante.

Me refiero al hecho de trabajar en un sitio en el que no había que pelearse para que te pagaran todos los meses, en el que te avisaban si te quedaban días de vacaciones que no habías cogido, en el que la encargada de personal te llamaba para echarte la bronca porque el día anterior habías trabajado más de lo que correspodía al horario habitual, donde las posibilidades de ascenso eran tan inexistentes que se eliminaba cualquier posibilidad de competencia y se rebajaba al mínimo (aunque esto es algo que nunca desaparece del todo) el nivel de hijoputismo en la oficina. Pero lo más que apreciaba era el hecho de que los errores que cometías no parecían importarle a nadie y, siendo como soy, una persona que jamás ha sido demasiado competente en el trabajo (de forma involuntaria eso sí) aquel lugar me pareció el paraiso laboral. Y me propuse entrar en él por derecho propio.





Las circunstancias eran favorables dado que tenía dos años de seguro de desempleo, suficientes como para sostener los escasos gastos de un opositor, además al fracaso laboral se unió un fracaso sentimental que me sacó de un coqueto apartamento en un décimo piso con amplias vistas a la Refineria y me devolvió al seno del hogar familiar en donde los maternales cuidados me liberaron de cualquier obligación doméstica. Empecé a estudiar y tras dedicarle un año no conseguí nada. Volví a continuación al infierno de la empresa privada donde una nueva mala experiencia en una lúgubre empresa dedicada a la venta de colchones y otras porquerias me hizo comprender definitivamente que a mi edad y con mis características tenía dos opciones: la función pública o la mendicidad.

Ser funcionario es algo más que aprobar unas oposiciones, es básico saber en lo que uno se está metiendo. En primer lugar es recomendable no ser demasiado joven, personalmente considero una barbaridad que gente de 25 años trate de meterse en este mundo, cuando yo tenía esa edad ni se me pasaba por la cabeza y de hecho la extremada juventud de mis compañeros de academia me parecía el indicativo más claro de la dificil situación económica en la que vive el pais. En segundo lugar hay que ser consciente de que (salvo que vayas a ser un funcionario corrupto algo que yo, al descartar las oposiciones al Ayuntamiento de mi ciudad, es algo que he evitado) seras pobre el resto de tu vida, nadie se debe meter en esto por el dinero y más vale saber eso de antemano.



Para la tercera y para mí más importante circunstancia hay que acudir nuevamente al oráculo más infalible que tiene la sociedad moderna: los capítulos de Los Simpsons. Me refiero en concreto a ese en el que Homer, debido al nacimiento de su tercer hijo, debe abandonar su feliz trabajo en la bolera y volver a la odiada central nuclear de Springfield donde el señor Burns le coloca en su puesto de trabajo un cartel donde se lee “Ustede está aquí para siempre”. Y así es queridos amigos, hay que ser consciente de que la lucha ha terminado, has llegado no al cielo pero sí al limbo en el que permaneceras salvo contadas excepciones el resto de tu vida laboral. No es algo que a mí me incomode especialmente a estas alturas puesto que hace mucho que comprendí que en mi caso la felicidad había que buscarla a partir de las 15.00 horas y no antes. Pero hay gente que no está preparada para esta realidad y de ahí vienen muchos conflictos personales y psicológicos que a buen seguro amargaran su vida y le convertiran en uno de esos ejemplares como los que describen las viñetas que ilustran este comentario.




Con respecto a esto último hay que señalar que los funcionarios pasan por ser uno de los colectivos más menospreciados y a la vez más deseados de nuestra sociedad y las dos actitudes obedecen al mismo motivo: la sensación de que en España nadie ha conseguido poner a trabajar como Dios manda a los empleados públicos. No podía ser de otro modo en un país donde ser funcionario y conseguir plaza en una Universidad pública se considera un triunfo cuando en la mayor parte de los países que corresponden a esa modernidad que siempre hemos pretendido se consideraba más bien un fracaso.



Yo por mi experiencia previa como interino (que en total suman casi dos años repartidos en periodos de entre uno y diez meses) he podido comprobar que, como en casi todos los tópicos, hay una parte de verdad y una parte de injusticia en el sentimiento general que la sociedad tiene hacia los funcionarios. Lo cierto es que en todos los ministerios en los que he estado lo único que he visto es gente trabajando. Es cierto que hay algunos cáncamos pero también los hay en casi todas las empresas privadas, la diferencia fundamental (y la mayor crítica que le haría a nivel personal al Estatuto Básico del Empleado Público) es que en la empresa pública es casi imposible deshacerse de las rémoras que sobreviven casi en cualquier departamento. Y como suele ocurrir la gente se acuerda más de lo mal que le han tratado una vez que de lo bien que le han tratado en las otras 99 ocasiones en las que se han acercado a un mostrador con empleados que cobran de sus impuestos.





¿Qué clase de empleado público seré yo? Entre la propia clase funcionarial existen también frases hechas como esa (que yo he oido personalmente y de forma literal) que se usa para referirse al típico recién llegado que parece dispuesto a cambiar por sí solo la mala imagen del gremio, esa frase es “Espera unos años…”. No creo que tal cosa pase conmigo puesto que, en primer lugar soy demasiado viejo para cambiar mi personalidad de forma sustancial y en segundo lugar yo no llego dispuesto a cambiar nada ni a comerme la subsecretaría que me toque, me limitare a hacer mi trabajo lo mejor que pueda (como lo hice en la fábrica de colchones y en otros antros de las numerosas PYMES por las que me he arrastrado) con la diferencia de que cuando meta la pata ya sé que me espera una afectuosa palmadita en la espalda en lugar de una bronca de hora y media salpicada de saliva. Y eso para mí es suficiente.




16 Comments:

Blogger El Impenitente said...

Me subo en la entrada nueva al carro de las felicitaciones, por tu aprobado y por tu maravilloso gusto eligiendo canción. Viva la Streisand y viva Happy days are here again.

Como no vas a cambiar el mundo no es mala idea el cumplir con tu trabajo y tu conciencia.

Podría hablarte de mis amigos funcionarios y contar batallas que ellos me cuentan, pero la policía puede leer esto, así que lo dejaremos estar.

Un abrazo. Me alegro mucho. Ya leeré la crónica de los Óscar por otro lado, no temas.

1:11 PM  
Blogger SisterBoy said...

Bueno compañero fuiste tú el que me descubrió la canción :)

3:51 PM  
Blogger 3'14 said...

Oposiciones bla bla bla funcionario bla bla bla ministerio bla más bla sí, sí, todo eso está muy bien pero, de entre todo de este post, me quedo con la crónica rosa, la breve alusión emocional, vayamos a la carnaza sister: Esa ruptura. Detalles. Queremos sexo y sangre. Ya sabes, es lo que centra la atención. Así es que no me vengas diciendo que lo personal no interesa... Tal vez no te interese a ti revelarlo aquí, pero te aseguro que a más de uno de tus lectores nos motivan mucho estos destellos que dejas entrever de muy tanto en tanto sobre tu intimidad :D
Somos vuayeurs de lo sentimental, la blogesfera puede ser a la par que un intercambio intelectual, también ese patio de vecinas que está dejando de existir (ja! esto nunca! muta, se transforma, se adapta a los tiempos modernos... pero la chafardería humana jamás se extinguirá)

Pero vamos, que no vas a volver a hurgar en este tipo de cuestiones, ¿no? :(

12:15 AM  
Blogger Ismael Alonso said...

Pues felicidades. Hmm, creo.

1:56 AM  
Blogger SisterBoy said...

Pi hace tiempo que quiero abrir un blog con mi alter ego diabólico Riqui Ricardo para contar todo lo que no se puede contar aquí, ya te informaré cuando nazca el hermano malo.

Ismael cuanto tiempo, se le saluda y se le distingue.

3:45 AM  
Blogger Deckard said...

Márcate un Murtaugh, yo cada vez lo digo más en todos los ámbitos de mi vida. ¡Soy demasiado viejo para esta mierda!

4:18 AM  
Blogger Slim said...

coincido contigo en que el aprobar "de mayor" (siendo eternamente jovenes como tu y yo..ejem) hace que valores bastante más lo que significa sacarse una opo.

y en cuanto a tipos de funcionarios, hay tantos como personas. madrugadores y perezosos, amables y bordes, con y sin ganas de aprender, e incluso algunos depende de cómo se levanten. pero es un trabajo lo suficientemente bueno para ir cada dia con una sonrisa y volver pensando que has hecho lo posible por solucionarle un problema a alguien. y eso ya es bastante.

y luego estan las aprovechadas (o no ) tardes...;-)
enhorabuena de nuevo y a disfrutar del puesto.

8:03 AM  
Blogger Ra está en la aldea said...

Lo que más me asombra de esta entrada es eso de "seras pobre el resto de tu vida, nadie se debe meter en esto por el dinero y más vale saber eso de antemano."
No sé qué tipo de plaza habrás aprobado y la frontera entre la pobreza y el bienestar es muy subjetiva, pero bueno, un sueldo mínimo de 1.200 euros al mes (por decir algo), no creo que le destine a uno a la pobreza total. O tal vez sí, si hay hijos, hipoteca y eso. Ya no sé, mi percepción del dinero creo que tiene poco que ver con la realidad.

11:44 AM  
Blogger SisterBoy said...

Hombre digamos que la cosa estaría entre 1.000 euros (destino malo) y 1.400 (destino bueno). Digamos que, como efectivamente dices, si se aspira a tener una vida normal (hipoteca, hijos, etc... y teniendo en cuenta que la pareja trabaje o no) da para bastante poco. Pero vamos no es mi caso así que supongo que al menos para cine y tabaco sí que tendré :)

12:07 PM  
Blogger 3'14 said...

No soy funcionaria, ni tengo una hipoteca, pero sí un hijo... y os aseguro que esto es lo menos parecido a lo que en mi mente tenía como una vida normal... :(

O tal vez sea así la ordinaria vida que nos ha tocado vivir a la mayoría de la población... Pero cobrar una media de 1000€ mensuales y estar haciendo malabares a día 5 para sobrevivir hasta la próxima nómina es lo más alejado de lo que imaginé sería mi vida de adulta... por más que sabía de antemano que no nadaría en la abundancia... pensaba que por lo menos para algún cine y poder salir a cenar de vez en cuando me daría... Pero ni eso. Así es que Sister, si te da para cine y tabaco date por satisfecho ;)

Y ya avisarás cuando aparezca Ricky Ricardo, tengo ganas de conocerle :D

1:19 PM  
Blogger SisterBoy said...

Bueno cuando dije unas vida normal no quería decir una buena vida, de hecho ambos términos casi nunca van unidos :)

2:54 PM  
Blogger Mery said...

Yo también quiero que me avises del nacimiento de tu alter ego, eh!
Dicho lo cual procedo a requetefelicitarte de nuevo, nunca me cansaré de hacerlo, será que llevo CINCO ¿PUTOS? AÑOS de opositora y valoro como nadie el éxito de GANAR la plaza, que sé bien lo que cuesta, sobre todo a nivel psicológico, y más cuando los años se te echan encima.
Y a ver, que un funcionario nunca estará mendigando por la calle para comprarse un bocata, pero es una gran verdad que nunca será rico. Incluso funcionario del grupo A que pueden cobrar unos 5000 euros mensuales, si se piran a la empresa privada cobran tres veces más. Que te permite vivir bien? Claro, pero no vas a ser Bill GatesXD
ENHORABUENA DE NUEVO, CHAMPION!!!

3:26 AM  
Blogger SisterBoy said...

Pues gracias de nuevo querida Mery aunque mis modestos esfuerzos ni se pueden comparar con los tuyos. Seguiré pendiente de tu evolución hasta la victoria final :*******

5:08 AM  
Blogger Slim said...

mary la siguiente eres tu, sin duda alguna!!

5:59 AM  
Blogger Vargtimen said...

Intentar hacer bien el trabajo (sin matarse), cumplir hasta las 15 (ni un minutos más) y vivir tranquilo. Es la mejor opción laboral que hay y aquellos que critican a los funcionarios sólo lo hacen por envidia o frustración.

Yo en Andalucía trabajaba en empresa pública y te juro que aquello eran las partes bajas de la Bernarda. Ahí nadie que tuviera una plaza en propiedad daba ni golpe. Incluso había uno de mis jefes, un tipo con plaza fija, al que tardé 4 años en conocer (y porque me topé con él en una cafetería del barrio y me señalaron quien era). Sólo trabajábamos los que estábamos en formación y algún que otro despistado adicto al trabajo o que aspiraba a ser como los personajes de las series de la tele que se hacen sobre el gremio.
Ahora trabajo en empresa pública con gestión privada, y aunque no sé muy bien en qué consiste eso, créeme que se nota la diferencia.

4:29 PM  
Blogger Mery said...

Merci Sister, espero poder escribir una entrada como la tuya el año que viene!:D
Slim, Dios te oiga!!

9:10 AM  

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