Tuesday, September 07, 2010

Oda a una costurera

La directora neozelandesa Jane Campion alcanzó la gloria en el año 1993 cuando su película “El piano” fue un gran éxito de crítica y público (y además con razón según mis recuerdos por mucho que uno acabara hasta el gorro del tema musical que sonaba una escena sí y otra también). A partir de ahí no puede decir que su escasa filmografía haya seguido ese ritmo ascendente, la gente que conozco y que vio “Retrato de una dama” la describen como un aburrimiento sin compasión, y yo mismo puedo dar testimonio de los horrores de “In the cut” película que sólo será recordada como aquella en la que Meg Ryan enseñó las pitirrufas.



Del resto de los títulos que dirigió a partir de 1993 me he enterado cuando revise la ficha de la directora en la imdb.



“Bright Star” posiblemente no hará que reverdezcan los laureles de los noventa pero creo que Campion ha conseguido una película bastante estimable.

Como no soy un amante de la poesía no conozco en profundidad ni la vida ni la obra de John Keats. Posiblemente hubiera escuchado su nombre con anterioridad pero fue un breve ensayo de Jorge Luis Borges, a propósito de una de sus obras más conocidas, lo que hizo que ese nombre se me quedará en la memoria. De todos modos ni eso, ni la titubeante carrera de la Campion parecían estímulos suficientes para ver esta película. Y aquí es donde entra la labor de la crítica (que para algo tiene que servir). En concreto una de esas críticas (la que firma alguien llamado J.O. en El Pais) acabó por convencerme porque hacía hincapié en que la cinta no padecía de los deméritos habituales en los que caían este tipo de historias cuando se llevan al cine.

En “Bright Star” esa historia es la de la relación entre Keats y Fanny Brawne (personaje desconocido para mí al igual que muchos otros que salen en la película) una joven de clase media enteramente entregada a lo que por aquel entonces (y durante mucho tiempo más tarde) se conocía como “sus labores”.

¿Una historia de amor entre dos jóvenes casi adolescentes? ¿Uno de ellos un poeta verdadero arquetipo del romanticismo que vivió en la miseria y murió de tuberculosis cuando todavía era asquerosamente joven?. ¿Y todo ello en el marco de una época especialmente propensa a ser recreada con afectación dado que fue pródiga en individuos afectados enfundados en ropajes que les daban un aspecto que visto con los ojos de hoy en día es difícil que no provoque al menos una sonrisa?



Que duda cabe de que esta película corría el riesgo bien de ser un ejercicio de recargado amaneramiento formal ante el que algunos cineastas no pueden resistirse, o bien un académico biopic destinado sólo a iniciados. Afortunadamente “Bright Star• no es ni una cosa ni la otra. En primer lugar porque incluso un espectador totalmente ignorante de la entidad de los personajes en los que se inspira el argumento (repito que en mi caso lo que sabía de Keats antes de ver la película se podía escribir en tres líneas) no encontraría en dicha ignorancia ningún impedimento para una historia que al fin y al cabo es (con las peculiaridades de cada tiempo) absolutamente atemporal. En segundo lugar porque, con algo que sólo puede achacarse a la habilidad de un buen director de cine, Campion consigue ofrecer una hermosa historia de amor sin dejar de emplar los mismos instrumentos con los que otro realizador menos habilidoso sólo hubiera obtenido bobochorrez y babas (como dos cocineros que empleando semejantes ingredientes obtuvieron resultados opuestos).

De este modo las escenas de los dos enamorados triscando entre las flores de la hermosa (al menos durante la primavera) campiña inglesa pueden ser admiradas lejos de la cursilería que sería de esperar en la mayor parte de los casos. Campion se sirve para ello de una estructura compuesta de escenas de corta duración que contribuyen a dotar a la historia de una dinámica que evita la reiteración o la complacencia en la evidente plasticidad de sus imágenes (de hecho a veces se tienen deseos de que algunas de dichas imágenes no desaparezcan tan pronto de la pantalla) al tiempo que emplea con austeridad las bondades de la fotografía, el diseño artístico y la banda sonora. También es de mucha ayuda la química (sí, ya se lo mucho que apesta esta palabra pero hay que reconocer que resulta difícil encontrarle otra que exprese lo mismo) que se establece entre los actores que interpretan a los protagonistas de la historia: Ben Wishaw (conocido sobre todo por “El perfume”) y Abbie Cornish (conocida por nada en especial). El hecho de que ambos sean mucho más atractivos que los personajes reales en los que están inspirados hay que tomarlo como una norma habitual en esta clase de películas biográficas.






Otro aspecto que es de agradecer en “Bright Star” es el hecho de que alguna de las circunstancias de la época pre victoriana, que condenaron a la joven pareja a su trágico destino, estén presentes sin el excesivo subrayado en el que sí han caído otros experimentos semejantes, en virtud de ese “cronocentrismo” que se dedique a juzgar el pasado con los valores del presente. De este modo el que Fanny aparezca en principio como una criatura vana sólo interesada en coser sus vestidos, o que el mayor obstáculo para el matrimonio con el poeta sea la mala situación económica de éste o que la joven no pueda jamás abandonar el domicilio familiar sin estar convenientemente escoltada por la omnipresente y algo patibularia figura de su hermano son hechos que se presentan como parte de la (para nosotros) compleja realidad social de la Inglaterra de 1820 y de este modo como parte de la labor de adaptación de la historia y no como su principal argumento.

En resumen este comentario debe verse como una recomendación para ver esta película y merece concluirse con uno de los más celebrados versos del poeta, versos por cierto que abundan a lo largo del metraje (como no podría ser de otra manera, lo raro hubiera sido lo contrario, como ocurría por ejemplo en “Sylvia” ese desabrido biopic de la escritora Sylvia Plath en el que por problemas de derechos familiares no se escuchaba ni uno de los poemas de la autora, algo que convertía la película en algo todavía más ridículo de lo que ya de por sí es cualquier cinta en la que intervenga Gwyneth Paltrow) y que desafortunadamente he tenido que escuchar doblados al español (al menos no han hecho que las rimas “rimen” como en el odioso trabajo que se hizo con “Cyrano de Berguerac”). De hecho estos versos me parece en sí una pequeña metáfora sobre el trabajo de Campion por que así como la directora consigue crear algo notable con unos materiales tan proclives a mezclarse de forma explosiva también Keats logró extraer belleza de un animal que no es otra cosa que una máquina de matar moscas cuyo hermoso canto tiene como finalidad conseguir pasarse por el pico a alguna ruiseñora.



5 Comments:

Blogger Armin Tamzarian said...

A mí me gustó bastante Retrato de Una Dama, incluso la tengo comprada en dvd. Recuerdo hasta emocionarme con la escena con Christopher Eccleston en la cama.

4:07 PM  
Blogger SisterBoy said...

Really? Bueno ni siquiera se me había pasado por la cabeza verla, espero más opiniones y a lo mejor le doy un chance.

4:13 PM  
Blogger Vargtimen said...

Completamente de acuerdo. A priori la película resulta atractiva y a la vez provoca desconfianza. A mí Jane Campion me ha resultado cargante desde siempre, pero aquí mantiene el tipo y la película se ve con mucho agrado, sobre todo por la química que dices entre sus protagonistas y lo resultonas que son algunas imágenes y algunos versos de Keats puestos por aquí y por allá. Para mí lo mejor de la película es Ben Whishaw (aunque me gustó aún más en "Criminal Justice" y "Mi hermano Tom") y por eso no veo el momento de que estrenen la nueva serie de Alan Ball, con él de protagonista, ahora que nos quedaremos huérfanos de True Blood hasta el verano que viene.

4:19 PM  
Blogger SisterBoy said...

No sabía nada de esa nueva serie, la investigaré. Yo como casi todo el mundo estoy esperando por The Walking Dead que es la sensación de la temporada, veremos si es para tanto.

12:30 AM  
Blogger Cinephilus said...

Uf, en este caso me temo que discrepo... Fui de los que amó -y ama aún- El piano, pero Bright Star me ha resultado insufrible en todos los sentidos. Tengo la disección a medias en mi blog... Me dejo los porqués para colgarlos allí ;-)

4:58 PM  

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