Friday, August 24, 2012

Esta semana he visto








Conocí el cine de José Luis Guerín en una retrospectiva sobre su obra que se proyectó en el Festival de Cine de Gijón de dos mil nosecuantos. Mi intención era ver todas las películas que ponían de él, pero después del visionado casi consecutivo de “Los motivos de Berta” e “Innisfree” quedé tan agotado mental y físicamente  (en las salas hacía un calor del carajo) que lo dejé para otra década. Más tarde tuve ocasión de ver “En construcción” y “En la ciudad de Silvia” así que ya sólo quedaba “Tren de sombras” para cerrar  momentáneamente el expediente Guerín.

“Tren de sombras”  (o “El espectro de Le Thuit”) tiene el formato de un falso documental (en su variante “found footage”) acerca de una película filmada por un abogado francés durante la segunda década del siglo pasado. Los primeros 20 minutos del filme consisten precisamente en una recreación de una película (convenientemente “envejecida”) doméstica que escenifica la apacible vida de una familia acomodada de  provincias. Esta parte del filme me resultó bastante agradable, si por mí fuera no me hubiera importado que todo el metraje de “Tren de sombras” consistiera precisamente en contemplar a un grupo de burgueses haciendo el ganso a sus anchas mientras sonaba música de Debussy.
Los siguientes 20 minutos muestran los mismos escenarios recreados anteriormente pero en la “actualidad” y suponen una bella (que no interesante) evocación nostálgica del pasado con la cámara recorriendo el territorio físico de la casa y el jardín antes llenos de vida y ahora dominados por una silenciosa decadencia.

Los últimos 40 minutos en cambio son un horror pues son esos en los que Guerín se dedica a tontear con sus juguetes cinematográficos en una variante vanguardista de la historia (incluyendo un patético homenaje a “Blow Up”) que nadie necesitaba y que por lo que he leído muy pocos aprecian, de hecho supongo que la mala fama que tiene esta película procede precisamente de este pedante segmento.

De todos modos  entiendo que haya gente a la que no le guste el cine de Guerín (de hecho lo difícil es precisamente encontrar a alguien a quien sí le guste) pero a parte de esa gente más que irritarles el visionado de este tipo de películas parece que lo que les
irrita de verdad es su mera existencia, y en esto tampoco estoy de acuerdo, de no haber cineastas que se han arriesgado a innovar (o a tratar de hacerlo) el arte al que se dedican posiblemente todavía estaríamos asistiendo a una repetición infinita de “El regador regado” . 





 


Una buena crítica del país (habrá que buscar más referencias a partir de ahora) me llevo a ver esta película de miedo dirigida por un novato y escrita por Guillermo del Toro (ojala hubiera conocido este dato previamente).

Vulgar película con niña y casa misteriosa, he aguantado hasta la primera aparición del espanto, después la he mandado al cuerno. No recomendable ni como mero entretenimiento, la vida es demasiado corta. Quizás es que tengo el gusto un poco perturbado por todas las bizarradas que estoy viendo últimamente pero dudo mucho que le de otra oportunidad a esta historia.


 

“Another Country” es una película de esas que tenía que haber ido a ver en su época, desde luego los compañeros del Instituto lo hicieron (la rama intelectual y cinéfila se entiende)

Aunque se usa un nombre supuesto, la trama está explícitamente inspirada en la figura histórica de Guy Burguess, un hijo de la clase alta británica que terminó traicionando a dicha clase y a su país vendiendo secretos a la Unión Soviética. La película trata de indagar en los motivos profundos de esa traición narrando la historia de Guy Bennet (alter ego de Burguess interpretado por Rupert Everett), un estudiante universitario que sufrirá el rechazo de sus compañeros debido a su notoria homosexualidad (y el término notorio no es un simple adorno retórico, el problema de Everett reside precisamente en la exposición pública de su condición, una condición tolerada por el sistema como una consecuencia lógica del modo de vida unisexual académico siempre y cuando se mantenga en secreto).

De todos modos prescindiendo del prólogo y el epílogo de la película, así como de las connotaciones históricas del asunto, lo cierto es que “Another Country” es un excelente retrato del rígido sistema educativo de la clase alta británica (imprescindible si luego se requería a estos hombres que ordenaran disparar a bulto en Amritsar o Londonderry) además de una película notablemente valiente (no olvidemos que era el año 1984).

Destaca también la notable actuación de tres actores por aquel entonces horriblemente jóvenes (el ya mencionado Rupert Everett, Colin Firth y Cary Elwes) por más que de los tres uno esté condenado “ad aeternum” a hacer de homosexual  frivolon y el otro siempre será el jodido pirata Roberts.

 
La verdad es que nunca he sentido mucho interés por ver “Frenético”, pero dado que Polanski es un director que me gusta mucho (por más que piense que no ha vuelto a hacer algo verdaderamente bueno desde “La muerte y la doncella” y de eso hace ya casi veinte años), y la casualidad me ha puesto esta película a tiro me he decidido a verla.

La historia me ha recordado un poco a “El hombre que sabía demasiado” (por el tema de “americanos en peligro”, y esa de forma tan angustiante de soledad de un hombre en un país cuyo idioma no conoce) y “Hardcore” (familia de clase acomodada que descubre por azar un mundo paralelo y sórdido y también en todo lo relacionado al papel que interpreta Emmanuelle Seigner ).

En resumen me ha parecido un thriller bastante bueno del que sólo me sobró el condenado “I´ve seen that face before” de Grace Jones que debe sonar como veinte veces durante el metraje.  





 

“Alicia en las ciudades” de Win Wenders es una extraña road movie que comienza en Nueva York, continua en Amsterdam y concluye en la cuenca del Ruhr, y a mí una road movie que tenga lugar en la cuenca del Ruhr en el año 1974 es algo que ya cuenta de entrada con mis simpatías. La película es además una muestra de cómo han cambiado los tiempos o de cómo un individuo puede recorrer medio mundo occidental (vuelo transoceánico incluido) en compañía de una niña que acaba de conocer sin que a nadie parezca importarle tres pepinos.  

Hay muchas formas de contar una historia como esta y Wenders elige un modo que evita subrayar la carga emocional de la situación dejando que esta fluya por la simple exposición de los hechos y fiándose (con acierto) del carisma de sus protagonistas logrando así una película encantadora




 

Primer título de la conocida como “trilogía de la venganza” del director coreano Chan-Wook Park junto con “Sympathy for Lady Vengence” (de la que recuerdo pocas cosas a excepción de su impactante final) y “Old boy” (que posiblemente recodaré plano por plano el resto de mi vida).

De las tres ésta me ha parecido la menos buena por su hermetismo y también por la casi total ausencia de sentido del humor (al contrario que en “Old boy” que sí que lo tenía por más que fuera de color negro petróleo) si exceptuamos el contenido en el giro final que me ha parecido verdaderamente magistral. Más interesante por su concepto (lo difícil que resulta encajar la idea tradicional de la venganza en una trama en la que todos los personajes tienen buenos motivos para actuar como lo hacen) que por su puesta en imágenes.      


Revisando los comentarios en film affinity y en youtube (nefasta costumbre que casi siempre tengo que abandonar a la mitad debido a los cabreos que me cojo)   tras visionar “El hombre de al lado” tengo la sensación de haber interpretado de forma errónea esta película o al menos no de la misma forma que lo ha hecho casi todo el mundo.

A mí esta historia de antagonismo entre dos vecinos (Leonardo, un intelectual burgués y Víctor un proletario vulgar y escandaloso) me ha parecido tan caricaturesca que sólo podía entenderla como un espectáculo de puro humor a cargo de dos actores que me han resultado verdaderos maestros del oficial, me refiero especialmente al desconocido (al menos en España) Rafael Spregelburd que interpreta a Leonardo, un individuo tan pusilánime y fatuo que provoca una risa incontrolada cada vez que aparece en pantalla aunque no haga ni diga nada.

Sin embargo los comentarios antes mencionados señalaban en cambio un verdadero propósito de análisis y reflexión sobre dos formas diferentes de ver y de enfrentarse a la vida así como dos tipologías sociales que para mi sorpresa muchos de esos comentarios calificaban de auténticas, quizás visto de esta manera ese final que yo encontraba tan inapropiado y tan en contra del tono con el que yo había definido esa película adquiera más sentido.

Como quiera que sea un filme muy recomendable  independientemente del significado que se le quiera dar y es que ver a dos argentinos en plena refriega dialéctica es un espectáculo que se justifica por sí mismo.   


 
Más que una película “Aullido” es un docudrama que alterna entre una representación animada del célebre poema (muy de agradecer porque yo en formato papel nunca he podido pasar de la parte de “el pico rabioso”) y una representación del juicio por obscenidad contra el editor de la obra (qué culpa tendría el pobre hombre digo yo). Entre medio algunas escenas de la biografía de Gingsberg que no pasan de ser meros bosquejos en los que aparecen figuras determinantes en su vida y su obra como Jack Kerouac, Neal Cassidy o Peter Orlovski, de hecho todo el film aparece como un breve y sencillo homenaje a una corriente literaria y vital que posiblemente tendrá mayor proyección cuando se estrene “On the road” por más que me da a mí que esa película va a ser un tranque.






 

Como aficionado al cine (me gusta más esa definición que la de cinéfilo) uno tiene la obligación de acercarse de vez en cuando a esas figuras tan celebradas por la crítica moderna. Una de ellas es la del tailandés   Apichatpong Weerasethakul (también conocido como: el director del nombre corta-pega, al que más le valdría buscarse un seudónimo como “Pichi” o “Weku”) pero todo tiene un límite.

Tengo buen recuerdo de “Tropical Malady” pero esta “Síndromes y un siglo” es un claro ejemplo de película que sólo se puede ver en una sala comercial donde la concentración obliga a dirigir la vista a la pantalla, si uno intenta verla en casa será casi imposible no darle al botón de stop en algún momento tras reconocer, no sin cierta zozobra, que no te estas enterando de nada y que aunque así fuera te importaría un carajo. Honestidad ante todo.


 
“Juan de los muertos” hace con el cine de zombies lo que “Shaun of the dead” hizo en su momento, si la película inglesa era una forma algo estrambótica de hablar de la vida en el norte de Londres, la película de Alejandro Brugués intenta lo propio con La Habana y ahí podría residir el mayor o menor interés del filme que uno (que conoce a una infinidad de cubanos pero que jamás ha estado en la perla del Caribe) juzga como una visión mucho más honesta (a la par que más divertida sin duda) que otros esfuerzos más académicos como “Habana blues” y tal.

Puede que las actuaciones sean penosas y que por momentos el tono humorístico roce lo camioneril pero rodar una película de zombies en la Cuba mugrienta y decadente del tardo castrismo es una hazaña conmovedora.   


 
“Amor y otras drogas” es en cierto modo una extraña película que comienza con un tono decididamente cómico y que a la mitad del metraje vira hacia los territorios de la comedia romántica en su variante “te quiero cariño pero me estoy muriendo”.

Personalmente me gusta más la primera parte -que además ofrece por añadidura una inquietante descripción de las miserias del sistema farmacéutico estadounidense- que la segunda que en su pretensión de hacer algo diferente termina por acabar siendo igual a todas las películas de su género (incluyendo final penoso).  

 
Creo recordar que en un mismo fin de semana (o en dos muy próximos) coincidieron dos estrenos con un mismo personaje protagonista aunque con un tono muy diferente. En el reparto de comentarios previos la película mala parecía ser “Mirror, mirror” y la buena”Red riding hook” (siempre hablando de un universo compuesto únicamente por dos alternativas). Desde luego si en aquellos días me hubieran apuntado con un trabuco en la entrepierna y me hubieran obligado a escoger habría optado por la segunda antes que por la primera.

Pues bien, no sé como sería el filme protagonizado por Julia Roberts pero “Red riding hook” es una auténtica mierda que sólo he podido aguantar hasta la escena del baile, posiblemente una de las más ridículas que he visto en mi vida. Pero ha sido culpa mía por meterme donde no me llaman, me declaro demasiado viejo para este tipo de cine. Pensé que tras una resaca provocada por la mezcla irresponsable de whisky de garrafa y durum turco una gilipollez como esta sería más adecuada que los 130 minutos de “Faces” de John Casavettes (que era la alternativa que tenía en la reserva). Está claro que me equivoqué.

8 Comments:

Anonymous Sr. Biltons said...

O sea que la película de Guerín no tiene nada antiguo de verdad, pensaba que la primera parte sí era una grabación real de principios de siglo restaurada pero por lo que leo todo es moderno ¿es así?
Yo le daré una oportunidad a la de “No tengas Miedo a la Oscuridad”, vi la original y no me disgustó del todo.
De Polanski sólo me falta ver “Oliver Twist”, “Frenético” me pareció un peliculón y de las últimas “El Escritor” sí que me parece verdaderamente buena.
Como echo de menos tener una conexión decente y poder “conseguir” todas las películas reseñadas, pero al paso que vamos cuando tenga una tarifa plana otra vez, esto será como en Alemania con multas gordísimas por descargar.

Un saludo

9:43 AM  
Blogger SisterBoy said...

En efecto la primera parte de "Tren de Sombras" es una recreación.

A mí de Polanski me falta Macbeth, Tess y una visión completa de Cul de Sac, repito que La novena puerta no pienso verla. Oliver Twist...normalita, me sigo quedando con la versión de David Lean.

No sé que haría sin la red, aquí no llega casi nada y lo que llega doblado lamentablemente.

12:04 PM  
Blogger Adso said...

¡Menuda mezcla de películas! Y yo me creía ecléctico...

No he visto nada de Guerín, que me da pereza, si acaso la de Pilar López de Ayala...

3:26 PM  
Blogger El Impenitente said...

Sí que son cargantes los que buscan trascendencia donde no hay más que humor. ¿Que hay contrastes y disparidad? Normal. Es que eso es muy gracioso. No es lo mismo un tío bajándose de una limusina vestido de chaqué en la puerta de los Jerónimos en Madrid que en un poblado gitano. Y es cierto que siempre habría alguno que escribiese un tratado sociológico.

Por lo demás, que viva por siempre el pirata Roberts.

1:28 AM  
Blogger Slim said...

cuanto te cunde el verano, sister!
yo ya estoy de vuelta. y no he aprovechado para ver mas de dos películas. :-(

de Guerin lo único que sé es que debería raparse el pelo. esos rizos por los lados y calvo por el resto son escalofriantes.

frenético me gustó mucho cuando la ví- en general me gusta Polanski, coincido en que El escritor es una película estupenda.

del amor y otras drogas es una patata y para farmaceúticas mejor El jardinero fiel.

Y en cuanto al pirata roberts, como desees.

12:06 AM  
Blogger SisterBoy said...

Durante años le vi con la cachucha puesta, pensé que era un snobismo hasta que descubrí sus pelánganos laterales que le dan un aspecto de Krusty sin maquillaje. También pienso que es mejor una honesta bola de billar estilo Breaking Bad. Bienvenida a la rutina.

5:35 AM  
Blogger Vargtimen said...

No habías visto Frenético???? Para mí es una de las películas de mi infancia. Y me encanta "I've seen that face before" gracias a ella. De hecho, fue una de las primeras canciones que busqué en cuanto tuve conexión a internet y el Kazaa.

1:26 PM  
Blogger SisterBoy said...

¿Nunca les he hablado de mi lista de películas generacionales que tendría que haber visto y no lo he hecho? Cada año procuro tachar algunas pero es una larga lista y me averguenza reconocerlo en público.

Lo que más gracia que me hizo de la cancioncita de marras es que (como bien dicen en la peli) hacía diez años que ya estaba pasada de moda cuando se usó como BS para "Frenético"

1:32 PM  

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