Sunday, September 28, 2008

Shoot pool Fast Eddie



Paul Newman murió ayer victima de un cáncer de pulmón a la edad de 83 años. Posiblemente sea la muerte más importante del mundo del cine (en lo que se refiere a actores) desde que Marlon Brando falleció en el 2004. Y posiblemente también ambos estaban al mismo nivel en el Olimpo de los dioses de Hollywood, y se me ocurren muy pocos de los que aun siguen vivos que se puedan comparar con ellos.

En el caso especial de Newman podría hablarse de alguien cuya vida fuera de las pantallas resultaba casi tan interesante como dentro de ella por diversas razones. En primer lugar por haber sido capaz de mantener una relación sentimental estable durante la friolera de 50 años en un ambiente en el que los perros suelen durar más que los matrimonios. También eran conocidas sus facetas como corredor de formular uno (una actividad que siguió desarrollando hasta hace poco), empresario en el negocio de los condimentos para barbacoa (destinando los beneficios íntegros para obras de caridad, una actividad en la que se prodigo tras la muerte de uno de sus hijos debido a una sobredosis de drogas) y también como un convencido liberal y aliado del partido demócrata. Aparte de todo eso y ya abordando un camino más frívolo podríamos calificarle como el actor que más tiempo logró mantener un aspecto físico tremendamente atractivo (vamos que no terminó siendo una piscina de hidratos de carbono como el mencionado Marlon Brando)..



Pero bueno, todos estos detalles ya habrá quien los desglose de forma más efectiva en los numerosos artículos que se escribirán en los próximos días.. Tal y como ocurre siempre en estos casos lo mejor que puede hacer uno es transcribir sus propios recuerdos sobre el actor en lo que se refiere a lo único que de verdad importa: sus películas.

Mi primer recuerdo de Paul Newman tuvo lugar con una película que seguramente a nadie se le ocurre evocar cuando piensa en su carrera. Fue durante un pase televisivo de “What a way to go” (“Ella y sus maridos” fue el titulo que le dieron en España) una comedia negra en la que Shirley Maclaine daba vida a una infortunada cuyos diferente maridos, que eran pobres cuando ella les conocía, iban muriendo de forma accidental tras convertirse en millonarios gracias a la involuntaria intervención de la mujer. Newman interpretaba a un pintor bohemio que se ganaba la vida como taxista y en su primera aparición en la película presentaba un aspecto tremendamente desastrado con boina y barba incluidas e incluso me parece recordar que se estaba comiendo un plátano. Esa fue la primera vez que le vi y recuerdo que mi madre dijo “ese es Paul Newman”.

No sería capaz de seguir con el orden cronológico de todas las películas de Newman que vi a partir de ese momento así que como de costumbre será recomendable seguir el hilo de la imdb donde se desglosan 81 intervenciones a lo largo de 54 años de carrera.

Su primer papel estelar fue en “El cáliz de plata”, un título muy poco conocida y, por lo que he leído, con razón. Estoy convencido de que llegaron a pasarle en televisión al menos una vez y ahora lamento no haberla visto ya que tenía curiosidad por ver una película en la que, según sus propias palabras, Newman estaba tan avergonzado que apenas era capaz de mirar a la cámara. El joven actor (a pesar de que tenía ya casi treinta años) fue acusado de ser una mala imitación del ya muy conocido Marlon Brando e incluso se cuenta que la experiencia estuvo a punto de hacerle abandonar su carrera.



Afortunadamente no lo hizo y un par de años más tarde obtuvo su primer éxito con “Marcado por el odio” (Somebody Up There Like me) biografía del boxeador Rocky Graciano en el que Newman interpretaba a un chico de los barrios bajos rebelde y violento que conseguía encauzar su ira en algo positivo (es un decir).



Ese mismo año interpretó también “Traidor a su patria” (The Rack) en la que daba vida a un veterano de la guerra de Corea que había colaborado con los comunistas tras ser hecho prisionero. Esta segunda película no es tan conocida como la anterior pero la recuerdo especialmente por una emotiva escena en la que el soldado se reconciliaba con su padre, un duro militar en parte culpable de la conducta del joven traidor.

En 1958 vinieron tres películas (bueno de hecho vinieron muchas más pero repito que sólo hablo de las que he visto) dos de las cuales no me gustan nada. Una es “El largo y cálido verano” adaptación de una obra teatral de Tenesse Williams que además contaba con Orson Welles y Joanne Woodward, el gran amor de su vida. Que yo sepa esta fue la primera película en la que compartieron cartel. Una película muy floja e incluso rayana en el ridículo a pesar de su prestigioso origen literario y de que su guión venia firmado entre otros por William Faulkner.

La otra película de este año es “El zurdo” (The Left Handed Gun) de Arthur Penn en la que Newman interpretaba al mismísimo Billy el Niño. El problema con esta obra es que a Newman se le escapó el Actors Studio por todas partes, algo curioso teniendo en cuenta que yo al menos no recuerdo que en sus trabajos anteriores el actor ofreciera una interpretación tan sobreactuada.



Pero, siempre sin salir de 1958, Newman solucionó los desaguisados anteriores con “La gata sobre el tejado de Zinc” otra historia de Tenesse Williams (adaptada de forma no demasiado fiel si hacemos caso a otros intentos posteriores seguramente más ajustadas al original pero, seguramente también, mucho menos memorables). No sé si será una de las mejores actuaciones de Newman pero sin duda uno de los imágenes más recordados de su carrera es el del alcoholizado, traumatizado y armarizado Brick Pollit cojeando aferrado a un vaso de whisky mientras una despampanante Elizabeth Taylor en paños menores trata de atraer su atención (en todos los sentidos).



Y todo ello en el asfixiante ambiente de una hacienda sureña en la que los buitres rodean el próximo cadáver del patriarca de la familia con el que Brick ajustara cuentas en una emocionante (y seguramente no incluida en la obra original de Williams) escena.

Luego siguieron una serie de películas en las que ojos azules pareció especializarse en el papel de joven abogado de Filadelfia empeñado en sacar a su rica y decadente familia de las garras de la decrepitud moral. Dos de esas películas fueron “La ciudad frente a mi” (The young Philadelphians) y “Desde la terraza” que recuerdo como dos dramas solventes pero no especialmente destacables.

Tras una intervención que tampoco era para tirar cohetes en la superproducción “Éxodo” llega el año 1961 y con él posiblemente la mejor película de Newman y también una de las mejores de la historia del cine. Hablamos de “El buscavidas” (The Hustler) y del inmortal “Fast Eddie” Felson un fantástico jugador de billar americano que sin embargo es incapaz de ganar debido a su impetuoso temperamento. Tras su épica primera partida contra “El gordo de Minessota” Felson tendrá que recorrer un arduo camino en el que, a través del dolor físico y moral, el maquiavélico Bert Gordon (George S. Scott) le mostrará el camino para ser el campeón: convertirse en un frío y despiadado hijo de puta que debe dejar su alma colgada en el perchero junto con la chaqueta antes de empezar a jugar. Una obra maestra del cine y de la vida.



Tras llegar posiblemente a la cumbre de su carrera (en lo referido al arte cinematográfico que no a la popularidad) siguieron algunas películas que particularmente no encuentro demasiado estimulantes como “Paris Blues” (en el que interpretaba a un músico de jazz que debía hacerse a la idea de que nunca sería uno de los grandes del género) o “Dulce Pájaro de Juventud”, otra obra salida de la calenturienta pluma de Tenesse Williams. Quien sabe si con esta última película Newman decidió despedirse de su habitual rol de joven atormentado teniendo en cuenta que ya frisaba los cuarenta años (por más que nunca tuvo dificultad en aparentar entré diez y quince años menos).

Lo cierto es que su siguiente papel conocido fue un verdadero cambio de registro. En “Hud” el actor daba vida a un personaje verdaderamente desagradable, un ganadero borrachín, mujeriego y sin escrúpulos que se enfrenta a los rígidos códigos morales de su padre y al bondadoso carácter de su hermano. Aunque al final logra salirse con la suya, el despiadado Hud tendrá que pagarlo con soledad más completa por más que esto parece importarle muy poco si atendemos al plano con el que se cierra la película. Para la historia Newman deja una de sus mejores frases “Cariño, lo único que necesito saber de ti es a qué hora llegará tu marido”.



Hablando de cambios de registro en las siguientes películas Newman pareció intentar demostrar que también sabía hacer reír y así siguieron la simpática comedia de espías “El premio” y la ya mencionada comedia mortal “Ella y sus maridos”.

Antes de llegar a otra de sus películas más populares vinieron “Cuatro confesiones” (“The Outrage” un insólito remake de “Rashomon” con Newman haciendo de bandido mexicano) “Harper, investigador privado” (adaptación al cine del detective literario Lew Archer condimentada con un claro aroma sixties) y “Cortina rasgada” un trabajo de Alfred Hitchcock del que no guardo un recuerdo demasiado profundo si exceptuamos la magistral escena del asesinato del inspector Gromek, la más violenta que filmó jamás el gordete y una de las más violentas de la historia del cine (al menos del que se había hecho hasta ese año).





En 1967 vino “La leyenda del indomable” (“Cool Hand Luke”) puede que no una de sus mejores películas pero sí una de las más populares y queridas por el público. Incluso es muy posible que sea esta su película emblemática o una de las que primero vienen a la memoria cuando se habla de Paul Newman. La vi por primera vez cuando era niño y me entusiasmó. Pero posteriores visionados me han dejado una opinión algo más escéptica de una película invadida por la sonrojante ingenuidad de la época, con ese penal que más bien parece un internado algo riguroso para jóvenes descarriados y ese torpe simbolismo del silencioso vigilante de las gafas de sol como implacable encarnación del sistema. De todos modos que duda cabe de que Newman ofreció una intensa interpretación de ese rebelde atrapado por su propia leyenda que no puede dejar de ofrecerse en bandeja para deleite de sus admiradores que se complacen con las hazañas que ellos no tienen agallas para llevar a cabo. Y para la posteridad queda por supuesto la escena que ya se estarán imaginando.



Al año siguiente se produjo el debut en la corta carrera de Newman como director. Se trata de “Rachel , Rachel”, una interesante película (que por desgracia no pude terminar de ver en su día) y un verdadero regalo para Joanne Woodward que daba vida a una maestra solterona dominada por su egoísta madre.

Al año siguiente y tras un particular homenaje a una de sus máximas aficiones (“Winning”, llamada en España “Quinientas millas”, una película de carreras no demasiado buena que además contaba con el lastre de tener en su reparto a Richard Thomas quizás uno de los peores actores del mundo) llegó otro de sus títulos más célebres, “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy and the Sundance Kid) la historia de dos miembros del autentico “Wild bunch” y un western que sin llegar a la parodia mantenía un peculiar sentido del humor incluso en sus momentos más aparentemente dramáticos. En esta película Newman compartía pantalla con otra leyenda de Hollywood, Robert Redford (que por otro lado yo siempre he encontrado mucho menos guapo y bastante menos buen actor que ojos azules) que interpretaba al cenizo Sundance Kid mientras que Newman hacia lo propio con el cachondo Butch Cassidy. Esta película es una inacabable sucesión de secuencias memorables como la del doble robo al tren, la del salto al río en medio de la persecución de los “pinkerton” o el emocionante final aunque puede que las más recordada sea la de un simple paseo en bicicleta mientras suena una famosa canción que particularmente nunca me ha gustado y que sólo entiendo que se incluyera en la película por el inevitable ambiente pop que todo lo contaminaba en aquellos años.



A continuación entramos en los setenta, una década que produjo muchas victimas entre los viejos dioses del celuloide. Newman no fue ninguna excepción aunque podríamos decir que se mantuvo razonablemente intacto ante la oleada iconoclasta, obscena y violenta de los años de la pana y el cuero marrón.

Para empezar protagonizó “El juez de la horca” (The life and times of Judge Roy Bean) biografía de un personaje real (parte de cuya vida se narró en “The westerner” de Gary Cooper) con un particular sentido de la justicia dirigido por el rudo John Houston con guión del más rudo aun John Millius. Un western brutal, satírico y desmitificador que sin embargo y siempre según mi opinión ha soportado mucho mejor el paso del tiempo que “La balada de Cable Hogue” que yo considero como una versión edulcorada de la misma historia (no en cuanto a la temática pero sí en cuanto al estilo y al trasfondo de producto crepuscular).



En medio de estos años se produjo la que para mí es su principal aportación al cine como director. Se trata de “El efecto sobre los rayos gamma sobre las margaritas” una historia casi insoportablemente triste sobre una niña que trata de mantener la esperanza en medio de la marginación que sufre a causa del desequilibrado carácter de su madre (interpretada por Joanne Woodward en otro regalo que le ofreció su querido y fiel esposo). El final de la película es precisamente una mezcla entre crueldad y esperanza y por ello el momento cumbre de su carrera como realizador.




A esta siguió otro producto de Houston y otra película de claro estilo setentero, “El hombre de Mackintosh” rodada en Inglaterra. Una trama de espionaje plagada de escenas desagradables (incluido la brutal muerte de un perro) para la que, al contrario que su predecesora, no veo ningún motivo por el tuviera que ser rescatada del olvido.

A continuación, en cambio, vino una película de corte absolutamente clásico. Se trata de “El golpe” también co protagonizada por Robert Redford y también dirigida por George Roy Hill un realizador cuya carrera siempre estuvo a la sombra de las dos grandes estrellas (hay quien dice que incluso eran ellas las que dirigían el cotarro en realidad). Una elegante historia de timadores de la época de la depresión llena de trucos y cambios de registro que supuso otra gran éxito de crítica, público y premios (incluyendo un buen mazo de oscars aunque nuestro héroe volvió a ser olvidado por la Academia). También podríamos encontrar un elevado número de escenas inolvidables en esta película aunque mi preferida es la gran partida de cartas en el tren y ese tenso enfrentamiento entre el fullero Henry Gondorff y el malvado Doyle Lonnegan (Robert Shaw otro monstruo de la interpretación y uno de mis actores favoritos).



Lo que pasó a continuación se puede considerar como un clásico en la biografía de todo gran actor de Hollywood que naciera antes de 1930. Aunque se suele considerar como una vergüenza y un despilfarro para tanto glamour y talento lo cierto es que estoy por creer que casi ninguna gran estrella que se precie pudo pasar por los setenta sin dejarse caer en al menos una gran película de catástrofes tan del gusto de la época. La que le tocó en suerte a Newman fue “El coloso en llamas” que no es de las peores y sin duda es de las más celebres.



Al año siguiente el actor recuperó el papel de Lew Harper (Archer) en “Con el agua al cuello” (The Drowning Pool) en una película que será recordada por una estrambótica escena de un suspense tan horrible que el mismo Hitchcock podría haberla firmado.



La despedida de la década pegajosa fue a lo grande siempre y cuando hablemos exclusivamente desde la óptica más popular en cuanto a los gustos del público y, siempre y cuando también, lo hagamos desde estos tiempos en los que es posible recuperar cosas que en su día la sociedad de la cultura arrojaba sin contemplaciones al cesto de los papeles.

Quiero decir con esto que es muy posible que en aquellos años Newman y sus amigos y admiradores consideraran que “El castañazo” (Slap shot) era una basura que solo servía para pagar facturas pero con el paso de los años esta película ha terminado por convertirse en uno de los títulos más reivindicadas por el público (su pase televisivo en los ochenta fue un autentico fenómeno social al menos en mi instituto) e incluso en un producto cinematográfico muy estimable (sí, vale, la inclusión de los Hanson le resta mucha verosimilitud a la película pero ¿alguien es capaz de imaginársela ahora sin la presencia de los tres gamberros gafotas?) como verdadero símbolo de los “roaring seventies”. Personalmente si tuviera que escoger diez escenas de Paul Newman una de ellas sería sin duda esa en la que Reggie Dunlop se pasea por la pista gritando “¡¡¡HANRAHAN TU MUJER ES UNA LESBIANA!!!”.



El cambio de década no obstante tuvo un principio descorazonador en la que considero la peor película de su carrera, o al menos la peor de las que he visto. Estoy seguro que incluso “El cáliz de plata” tenía al menos alguna clase de encanto del que carecía por completo esa mierda también conocida como “El día del fin del mundo” en la que el pobre Paul trataba de pasar el mal trago poniendo cara de “yo también tengo que comer” y acompañado en su desgracia por gente como William Holden y Jacqueline Bisset.


Pero pronto las cosas se arreglaron y en los años que siguieron Newman volvió en plena forma y encadenó la última gran serie de películas de su vida. Empezando con “Distrito Apache” un drama policíaco aun impregnado del estilo duro y realista de los años anteriores en el que el actor interpretaba a un policía destinado en el sur del Bronx que se debate en el eterno dilema entre hacer lo correcto o hacer lo conveniente.




Luego vino “Ausencia de malicia” de Sydney Pollack, en la que Newman era un hombre con vínculos indirectos con la mafia que era acosado por la prensa y el ministerio fiscal, una de esas historias en las que el mundo del cine todavía se cuestionaba el papel de los medios de comunicación en la sociedad. Una buena película aunque ciertamente un poco olvidada como casi todo lo de Pollack

Pero todo eso sería superado al poco tiempo con “Veredicto final” del gran Sidney Lumet una de las mejores películas del subgénero judicial en el que están presentes todos los elementos clásicos: un abogado perdedor, un caso imposible que enfrenta a una victima indefensa con una despiadada corporación (en este caso un prestigioso hospital), un juez idiota, el cabrón del abogado de la parte contraria (el siempre mefistofélico James Mason) y una gran cantidad de sorpresas y golpes de efecto. Newman interpretaba a un picapleitos alcoholizado que busca clientes en los entierros y que trata de aprovechar una ultima oportunidad de recuperar la dignidad humana y profesional. A nivel personal es una de las películas en la que la actuación de Newman me parece más admirable.



Hay dos escenas en especial que siempre recordaré, una es la secuencia inicial en la que se ve a Frank Galvin en un bar, solo y de pie, jugando a la maquina del millón con una jarra de cerveza en la mano, creo que sólo en “Fat city” de John Houston se había definido o tan bien y ya desde el principio la soledad del protagonista de la historia. La segunda tiene lugar cuando Galvin que ya ha hecho un trato extra judicial razonable con la parte demandada acude al hospital donde se encuentra internada la victima de la negligencia, convertida en un vegetal. Frank va a sacarle una foto y en el momento en el que enfoca a la mujer con su objetivo se produce un cambio en su expresión que delata la transformación que se está produciendo en su ánimo en ese mismo momento. Los buenos actores en ocasiones ni siquiera necesitan hablar.

Ya por fin en el año 1986 llegaría la que para mí es la última gran película de Newman (aunque bien es cierto que no he visto mucho de lo que hizo después). Veinticinco años más tarde Martin Scorcese recupera el personaje de Eddie Felson en esta ocasión convertido en un más o menos honrado comerciante de whisky que descubre a un nuevo talento del billar en el que reconoce al joven e impetuoso jugador que el mismo solía ser (aunque el encantador Fast Eddie de los viejos tiempos poco tenía que ver con el gilipollas al que da vida Tom Cruise). Por su parte Felson interviene en la historia como un nuevo Bert Gordon que intenta encauzar la carrera de la joven promesa en un sentido más comercial. Era un riesgo tocar un clásico tan venerado por cinéfilos de todas las épocas (incluido el propio Scorcese) pero el resultado fue una película excelente que por añadidura supuso el único oscar de la carrera de Newman aunque dicho oscar sonaba más bien a una compensación por todos las anteriores nominaciones que quedaron sin su justo premio (como por otro lado le ocurrió al propio Scorcese años después).

Creo que hubiera sido un excelente colofón a la larga, y casi siempre exitosa carrera de Newman, recuperar con dignidad al personaje cumbre de su vida. Incluso la escena final de la película parecía especialmente planeada para ejercer como animoso epitafio.



Pero claro, Newman sólo tenia 61 años (aunque como de costumbre parecía que tenia 47) y no parecía con muchas ganas de retirarse. Como he dicho no he visto gran cosa de lo que hizo después. He oído hablar bastante bien de “Creadores de sombras” (Fat man and little boy) y de “Esperando a Mister Bridge”. De “El escándalo Blaze” sólo recuerdo unas imágenes del viejo Paul en calzoncillos corriendo detrás de Lolita Davidovich. No siento ningún aprecio por “El gran salto” película que nunca terminé de ver. Y tampoco me siento especialmente interesado por algunos thrillers crepusculares como “Donde esté el dinero” o “Al caer el sol” (esta última inexplicablemente elegida anoche por TVE como homenaje al actor). En cuanto a “Camino de Perdición” no digo que su actuación no fuera notable, sólo que está encuadrada dentro de una película que yo personalmente considero bastante floja.

Y eso es todo. En el caso de una figura del cine tan legendaria como la de Paul Newman lo único verdaderamente valido es incorporarla a tu propia experiencia cinéfila y explicarla a través de ella. Por eso me gustaría aprovechar también para agradecer y rendir homenaje a la gran labor de difusión cinéfila que en los años setenta y ochenta llevaron a cabo las televisiones públicas en este país (junto con los viejos videoclubs aunque estos últimos con fines algo menos altruistas), gracias a la cual he podido ver muchas de las películas de las que aquí se habla. Esa época ya se fue para siempre,lo mismo que Paul. Se acabó la partida Eddie.


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12 Comments:

Blogger Slim said...

te me has adelantado, y has puesto mi escena-homenaje Pedaleando con Paul Newman. espero que no te moleste que la haya puesto yo tambien.

como siempre un analisis buenisimo de la carrera de paul newman. tienes razon con lo de la tele, recuerdo esos ciclos que ponian y que te permitian ver un monton de cine buenisimo...porque ya nunca ponen cine clasico en la tele???

de las ultimas pelis te recomiendo Ni un pelo de tonto, que creo que te gustará.

11:29 AM  
Blogger SisterBoy said...

Slim esa escena es patrimonio de la humanidad, lastimas de canción :)

Incluiré "Ni un pelo de tonto" en mi lista de pendientes

12:04 PM  
Blogger El Impenitente said...

Gordo, jugaste como un maestro.

Esta noche ponen en Canal 9 "El golpe" como homenaje. La veré por enésima vez y por enésima vez la disfrutaré como si fuese la primera.

Tendré que darle otra oportunidad a "El castañazo". Y ver muchas otras. La novela o autobiografía de "Marcado por el odio" no estaba mal. Un tanto edulcorada pero se puede leer.

Eres muy grande, maestro.

12:04 PM  
Blogger SisterBoy said...

Es una lastima que la nueva TVE sienta tanto pánico al cine clásico que ni siquiera puede echar mano de la ampliga filmografía de este hombre para darle el homenaje que se merece

12:06 PM  
Blogger Deckard said...

Me uno a esa recomendación de Ni un pelo de tonto y esa lástima por la cantidad de cinefilos que no están creando por no poner cine en la tele. Claro que sin la cinefilia de mi madre nunca hubiera visto todo el cine que he visto en mi vida.

Siempre me he preguntado si alguna vez en la historia ha habido más belleza junta que con Newman y Taylor juntos en La gata.

Yo también haré deberes porque nunca he visto El castañazo, que también era célebre en mi colegio.

2:41 PM  
Blogger JRB said...

Estupendo tu repaso a la carrera de Newman. Tan extenso y tan detallado como se merece este hombre.

Siempre que pienso en él me viene a la cabeza su imagen con la muleta paseando por el dormitorio gritándole a esa bruja de Elizabeth Taylor, aunque la primera película que ví de él, y la que más veces he visto, supongo que fue "El coloso en llamas", o quizás "Exodo" o "Cortina rasgada".
También yo añoro aquellos años en que TVE te ponía un ciclo de Hitchcock o de Marlon Brando en vez del "Mira quien baila".

Y bueno, a mí me gusta la canción de "Raindrops keep falling on my head". Y el cine de catástrofes de los 70's o las adaptaciones de novelas de Agatha Christie con repartos cargados de viejas glorias sacadas del asilo, me parecen algo sublime, oiga.

2:49 PM  
Blogger 3'14 said...

Me sentí triste al conocer la noticia, era uno de mis grandes ídolos, ya desde niña, ningún otro ha alcanzado su lugar en el podium. No obstante, parece ser que, pese a las adversidades (que se muera un hijo tuyo debe ser una de las experiencias más traumáticas que nadie pueda sufrir) tuvo una vida feliz, y llegó con dignidad y sin caer en el olvido hasta el final de sus días. No así como otras celebridades que su muerte les ha sacado del destierro para bombardear de nuevo las pantallas con los cínicos (en mi opinión) homenajes que les brindaban los diferentes medios, mejor servicio les hubieran hecho cuando estaban vivos. Sin embargo, como no es el caso, lo que me indigna es la tardía reacción de las cadenas de televisión de este país por no cambiar la programación y emitir por lo menos una de sus grandes películas, el mismo día en que nos llegó la noticia. Me parece lamentable. Veremos como respetan su memoria en los próximos días.

2:57 PM  
Anonymous Anonymous said...

En una de las cintas beta donde tenía grabada la serie completa de "Heidi" había un anuncio de "el martes, en tve, Dos hombres y un destino". Ponían la escena del salto en el precipicio, así que indirectamente habré visto esa escena un millón de veces. Qué tiempos los de la vieja programación, sí, menos mal que ya ni falta hace porque está Internet, que es sin lugar a dudas mucho mejor opción para ver cine clásico, moderno, porno o inencontrable. Nostalgia cero.

4:15 AM  
Blogger SisterBoy said...

Eso fue antes de que el buscador de elinks de la mula se fuera a freir chuchangas por lo que ahora mismo no puedo encontar las rarezas que antes se encontraban alli (como capitulos de Starsky y Hutch y cosas por el esitlo)

5:08 AM  
Blogger foscardo said...

Impresionante homenaje.

12:11 PM  
Anonymous Anonymous said...

Se me acumula la “faena” de leer tus escritos. A mesa puesta, cuando los comensales ya andan por el postre. Leo el delicioso plato que nos presentas: Paul Newman: un entrañable homenaje, un suculento menú para los amantes del cine, una exquisita elaboración que me emociona.
Como dijera el poeta: “Y los bellos ojos irritados por el polvo aún chispean esmeraldas en los humos del emplumado amanecer”.

Es curioso, que cinéfilos y críticos de cine, ni lo nombren.

Lo dicho: Un plato delicioso.
Gracias

1:01 PM  
Blogger SisterBoy said...

Espero que te guste el postre de los hermanos Kray

2:15 PM  

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