Sunday, October 05, 2008

ABECEDARIO DEL CRIMEN CAPITULO XV. THE EAST ENDERS


La primera vez que oí hablar de los hermanos Kray fue en un telediario del año 1984. La noticia, por lo que pude entender, trataba sobre el entierro de la madre de dos criminales condenados a cadena perpetua. Me resultó muy chocante ver a dos hombretones ya en edad madura llorando como niños con las esposas puestas y estrechamente custodiados por la policía. No he podido encontrar imágenes de aquella noticia que sin embargo se puede ver recreada en la película biográfica “The Krays”




Precisamente mi siguiente encuentro con esta historia vino a través ese biopic en el que los dos hermanos eran interpretados por los también hermanos Gary y Martin Kemp miembros del grupo Spandau Ballet. La idea de que dos componentes de un grupo de música de aspecto tan melifluo pudieran llevar a la pantalla de forma veraz la vida de dos duros delincuentes londinenses puede parecer un poco ridícula.




Pero por lo que me dijeron aquellos que vieron la película (yo lamentablemente no pude hacerlo) el resultado era bastante aceptable.

A lo largo de los años siguientes pude comprobar que la figura de estos dos hampones ingleses había calado profundamente en la subcultura inglesa. Aparte de la película biográfica se han hecho documentales, se han escrito libros, se les han dedicado canciones y han aparecido de forma velada como personajes en muchas películas y series de televisión (“Réquiem por los que van a morir” o las películas de gangsters londinenses de Guy Ritchie por poner un par de ejemplos). El mismo “Diccionario del Crimen” parece complacerse mucho con las sangrientas hazañas de los gemelos a los que les dedica varios capítulos. Para mí el aspecto más interesante de su historia es comprobar como dos individuos que, usando una irresistible combinación de astucia, encanto y brutalidad podían haber reinado en los bajos fondos durante décadas cayeron en desgracia por una irresistible atracción por la fama directamente heredada de la visión infantil de películas de gangsters (sobre todo las de James Cagney). Los Kray fueron posiblemente dos victimas prematuras de la mala influencia que la ficción criminal ejerce sobre algunas mentes. Veamos como ocurrió.


Ronald y Reginald Kray vinieron al mundo el 24 de octubre de 1933 en el East End de Londres un lugar que en la época en la que crecieron los hermanos ya escapaba al control de las autoridades.





De niños los Kray ya eran boxeadores y luchadores callejeros antes de que en 1952 el ejercito tratara de enderezarlos.




La insólita carrera militar de los gemelos Kray merece una atención especial. El 2 de marzo de 1952, su primer día entre los Fusileros Reales, los hermanos interrumpieron una exposición del cabo sobre las virtudes de las botas bien pulidas. “Esto no nos importa –anunciaron-. Nos vamos a casa con nuestra madre”. El cabo agarró a uno de los chicos; ellos lo tiraron al suelo y llegaron a casa a tiempo para el té. Al día siguiente les detuvieron pero en cuanto les pusieron en libertad volvieron a ausentarse sin permiso. Volvieron a cogerlos y en las sucesivas semanas golpearon a un sargento y a un suboficial. Volvieron a escaparse, volvieron a detenerlos. Un policía les localizó en un pub de Mile End pero los gemelos le dieron una paliza. De nuevo capturados fueron enviados a una prisión militar en espera de juicio.

Durante su encierro se cargaron el mobiliario de la celda, rajaron los colchones e hicieron trizas los uniformes. Cuando los guardias trataron de imponer el orden le vaciaron a uno el cubo de la letrina en la cabeza y logaron esposar a otro a las rejas con sus propios grilletes. Días más tarde pidieron ir al lavabo y allí redujeron a su escolta con una llave de judo, robaron las llaves de la sala de guardia y volvieron a fugarse.

En vez de poner a la sombra a los Kray durante cinco largos años el Ejercito estableció una tregua y el 11 de junio de 1953, un tribunal condenó a los gemelos a pasar los cinco meses que quedaban de su servicio militar en la prisión de Shepton Mallet donde completaron su formación criminal al entrar en contacto con delincuentes auténticos.


Tras derrotar la disciplina del Ejercito y a los veinte años ya eran, en palabras de un viejo delincuente “un par de bastardos profundamente malos”, con una reputación de salvajismo desenfrenado.

El primer asidero firme al comienzo de su carrera criminal fue el Regal, una ruidosa sala de billar del East End; después de un mes de reyertas el sueño se la alquiló legalmente a los Kray por cinco libras semanales. La sala se convirtió en su cuartel; en torno a los gemelos se formó una banda que asaltaba casas y que asolaban salas de baile y pubs por pura diversión. Mandaban por medio del temor; montaban tribunales marciales para las infracciones de disciplina, y Ronnie se ganó el apodo de El Coronel por su agudeza militar y la red de espías con que contaba. También empezó a comportarse como un dandy. Cada día, mientras ganduleaba vestido con una bata púrpura, acudía a su casa un barbero para el afeitado matutino, y un masajista personal. Mientras tanto mataba el tiempo afilando sobre un yunque su colección de bastones de estoque, cuchillos gurka, bayonetas, machetes y sables.

A continuación los gemelos se pasaron al negocio de la protección poniendo sus garras en docenas de clubs y pubs locales, restaurantes y establecimientos ilegales de apuestas.

En 1956 la organización adquirió el nombre de La Empresa y en otoño Ronnie ganó un enorme prestigio por dispararle en la pierna a un estibador después de una discusión sobre un coche. El 5 de noviembre de ese mismo año fue condenado a tres años de prisión por causar graves daños corporales a otra victima.

En la cárcel Ronnie fue presa de una locura declarada. Cuando lo pusieron en libertad en un estado mental sumamente inestable, se aterrorizó al descubrir que Reggie casi se había enmendado. Más diplomático e inteligente y con menos de psicópata redomado, Reggie había fundado un próspero club en el East End, el Doble R, que regentaba con chaqueta de smoking. Estaba a mitad de camino de retirarse de la confusión y la violencia del trabajo sucio y de las guerras del bar de Ronnie. Pero éste no tenía tiempo todas esas insignificancias, su ansia de intimidar y explotar lo impulsó a reclamar el negocio de protección de un club que aún le pertenecía.

Hubo una junta de bandas de la que el hermano violento salió hecho un huracán. De repente toda la administración de Reggie y la moderación autoimpuesta no contaban ya para nada. Se trataba de “nosotros y ellos”, los gemelos contra el mundo. Y Reggie tuvo que seguir la senda de Ronnie

La vuelta a las tácticas de mano dura les aseguró una poderosa victoria. En el otoño de 1960 pagaron 1.000 libras por una propiedad que producía 80.000 libras al año; el Esmeralda´s Barn, un casino de primera clase de Knighsbridge. Habían hecho fortuna pero sólo en teoría. Ronnie se inclinó por una versión más lujosa de la sala de billares Regal y hundió el negocio, administrando mal los créditos y animando la admisión de chusma. En unos años el casino quebró.

Pero otros negocios estaban en alza. A principio de los años sesenta los Kray habían realizado casi medio centenar de fraudes a gran escala, de los cuales obtuvieron en 1962 una cifra neta de 100.000 libras. En 1965 les arrestaron por exigir dinero con amenazas, pero el proceso fue una chapuza y salieron bien librados lo que les hizo ganar fama de intocables.

Por entonces la Mafia andaba buscando un organización fiable que garantizara el bienestar de los aviones llenos de apostantes que se proponían enviar a Londres para celebrar una gira de jugadores. Había mucha pasta en juego en forma de inversiones en casinos y hoteles. ¿Podían los Kray garantizar la protección?.

El único rival de los Kray en este negocio era la banda Richardson encabezada por Charles Richardson experto en torturas que siempre tenía a mano un equipo que incluía palos de golf, cuchillos, pinzas para arrancar los dientes, calentadores eléctricos y un grupo electrógeno portátil.

Pero nada de esto hacia menguar las ganas de pelea de Ronnie que lo primero que hizo fue adquirir dos ametralladoras Browning. Después de algunas escaramuzas previas un inconexo tiroteo el 8 de marzo de 1966 –conocido como “la batalla del club Mr. Smith- llevó a la mayoría de los Richardson al hospital o tras las rejas (al torturador Charles le cayeron 25 años), dejando a los Kray como los indiscutibles reyes del crimen en Londres.

Pero todo eso no era bastante pare el loco Ronnie. Tenía que matar a alguien, le parecía que nunca podría llegar a ser uno de esos gangsters a los que tanto admiraba si no cometía un verdadero asesinato. Para este propósito escogió a George Cornell, único superviviente de la banda Richardson, quien además había tenido la imprudencia de llamarle “gordo maricón”.




Al poco tiempo Ronnie entraba a zancadas en el pub Blind Beggar







, un enorme establecimiento victoriano en la carretera de Mile End de Londres, y le disparaba a Cornell en la cabeza con una automática Mauser del 9 ante una docena de parroquianos. Como Ronnie se hartó de contar más tarde, la cabeza de George “reventó de repente”. Según lo veía Ronnie, así era como se comportaban los gángsters, matando públicamente.

Esta bravata puso a su hermano Reggie en un aprieto; Ronnie quería saber cuando “haría lo suyo” su hermano. En otoño de 1966 la manía de Ronnie estaba en pleno apogeo. Más y más gente que “había que matar” estaba “en la lista”. Si los Kray iban a figurar alguna vez como una hermandad seria al lado de la mafia, los peces gordos debían ser todos asesinos. La presión sobre Reggie para que imitara a su hermano era cada vez mayor.

Finalmente, a Jack “El Sombrero” McVitie le tocó el palillo corto.



Jack era un hombre calvo (de ahí el sombrero), borracho y adicto a los estimulantes y definitivamente el hombre menos indicado para liquidar a Leslie Payne, antiguo socio y contable de los Kray y en esos momentos sospechoso de ser un chivato. En septiembre de 1966 Jack había recibido 100 libras y unas pistola para llevar a cabo el contrato pero al final no hizo nada y se quedó con el dinero. Cuando el enfurecido Ronnie reclamó el dinero Jack entró borracho en el Regency –uno de los clubs de los hermanos- blandiendo una escopeta de cañones recortados y amenazando con volarle la tapa de los sesos a los dos hermanos. Acababa de firmar su sentencia de muerte.

Ronnie ordenó a sus guardaespaldas –los hermanos Lambrianou- que limpiaran la ciudad, encontraran a Jack y lo llevaran a una casa en Evering Road diciéndole que se trataba de una fiesta. Justo antes de la medianoche, Jack irrumpió en la casa. Estaba como una cuba. “¿Dónde están las muñecas y las copas?”, rugió. Reggie salió de detrás de una puerta apuntó a la cabeza de McVitie y apretó el gatillo pero el arma se atascó. McVitie se dio cuenta de que se había metido en una trampa y saltó por la ventana haciendo añicos los cristales.

Los hombres de Ronnie le atraparon por los pies y le arrastraron de nuevo dentro de la casa. “Compórtate como un hombre, Jack”, exclamó Ronnie. “Me comportaré como un hombre –contestó Jack- pero no quiero morir así”. En ese momento Ronnie tenía bien agarrado a MacVitie. Empuñando un cuchillo de trinchar, Reggie se enfrento al calvo y desdichado maleante. “Mátalo, Reg. Hazlo”, lo incitó Ronnie. “¿Por qué me haces esto, Reg?” dijo Jack. En respuesta, Reg le clavó el cuchillo debajo de uno de sus ojos. Luego lo apuñaló en los intestinos y en el pecho y luego le rajó la garganta hasta el fondo. Su cuerpo jamás fue encontrado.

Tras la masacre Reggie tuvo que calmar sus nervios a base de licor pero se había ganado el respeto de su hermano.

El siguiente en la lista negra fue Frank Mitchell apodado “el loco del hacha”. Mitchell era un individuo que combinaba un físico impresionante con un cerebro preocupantemente pequeño a pesar de lo cual los Kray le tenían como a uno de sus protegidos. En 1966 estaba confinado en la prisión de Dartmoor por tiempo indefinido. A sus 32 años había pasado un total de 18 entre rejas. No se puede decir que estuviera del todo mal allí, era una especie de preso de confianza al que incluso se le permitía vagabundear por el exterior de la prisión e ir a las tiendas de los pueblos próximos a comprar encargos que le hacían los otros presos. Así pues los Kray no tuvieron muchas dificultades en recoger a Mitchell y llevárselo en coche hasta un piso franco en Londres.

La intención era esconder allí a Mitchell hasta que las cosas se enfriaran pero Frank no dejó que eso sucediera empeñándose en escribir cartas al Daily Mirror y el Times reclamando justicia por lo que consideraba un encarcelamiento erróneo. A continuación empezó a despotricar de su nuevo confinamiento de forma tan desagradable que los Kray tomaron una decisión. El 24 de diciembre enviaron una camioneta a recoger al fugado con el pretexto de llevarlo a una granja en Kent. Nadie volvió a verlo ni vivo ni muerto. El único relato de lo que ocurrió salió del testimonio de Albert Donahgue quien declaró que en el interior de la furgoneta había dos pistoleros esperando a Frank. Aunque el hombre trató de arrebatarles las armas al final estos le acribillaron a balazos. Después de eso, Donaghue telefoneó a Reggie y dijo simplemente “el tío se ha ido”. Reggie se echó a llorar.

De todos modos el testimonio por sí solo no bastaba para probar el crimen y los Kray jamás fueron condenados por este crimen en particular. Tampoco pudo demostrarse su culpabilidad en la desaparición de otros dos de sus hombres, un tal Frost y Teddy Smith también apodado el loco.

A estas alturas Ronnie estaba desbordado por la paranoia rayando en la locura y todo el mundo sospechaba de la Empresa. Al fin y al cabo aquello era Londres y no Chicago o Nueva York y los crímenes de esta naturaleza no eran en absoluto habituales. Además los Kray seguían haciendo su vida social vistiendo con el típico trajo de estafador de Saville Row, conduciendo coches ostentosos y alardeando de saludarse con las celebridades del momento. ¡Incluso aparecían en programas de televisión!.



Entre los famosos que se codeaban con los dos criminales se encontraban Barbara Streisand o Diana Dors la Marylin Monroe británica.



Aunque el más peculiar era lord Boothby también conocido como lord Boozeby (de “booze”, es decir, borracho).




Boothby compartía con Ronnie la afición por los muchachos jóvenes. De hecho Ronnie era su alcahuete y estaba convencido de que sus cacerías sexuales con un par del reino le garantizaban la inmunidad frente a las investigaciones de la policía. Por lo visto el noble sufragó la defensa de los gemelos contra la acusación de extorsión de 1965 e incluso llegó a hablar en su favor en la Cámara de los Lores.


Los mafiosos pueden permanece relativamente tranquilos siempre y cuando no se mantengan en un discreto anonimato pero ninguno de ellos puede llamar la atención de esa manera sin que el sistema reaccione con razón o sin ella, fue lo que llevo a la perdición a gente como Al Capone (condenado con pruebas ridículas) o John Gotti y fue lo que llevó a la perdición a los Kray. El nuevo comisario de policía, sir Joseph Simpson, se sintió obligado a elegir como blanco a los dos hermanos. La investigación fue dirigida por Leonard Read apodado Pinzas (nombre con el cual los gemelos bautizaron a su boa consctictor doméstica, adquirida en Harrods) que capitaneó un equipo de catorce hombres e insistió en la inmunidad de los delatores como forma de conseguir su colaboración.

Read empezó interrogando a Leslie Payne el contable de los gemelos al que la policía interrogó durante tres semanas. Payne estaba aterrorizado por la idea de delatar a los hermanos lo que convenció a Read de que si lograba ponerle a estos fuera de circulación al menos temporalmente, sus victimas y socios podrían mostrarse más inclinados a hablar.

En ese momento se produjo el penúltimo acto de este drama que, como no podía ser de otra manera, fue tan grotesco como los anteriores.

Estamos ya en 1968. A pesar de que el cerco se cerraba en torno a él, Ronnie, el hermano violento, no dejaba de insistir en poner a prueba la lealtad de sus socios forzándoles a cometer un asesinato. El elegido en esta ocasión para hacer de verdugo fue Alan Cooper.

El blanco era un tunante de poca monta que había roto la paz del hampa al disparar contra el amante de sus esposa. El hombre se escondió, pero lo llamaron a prestar declaración como testigo en otro caso y tenía que presentarse al cabo de dos semanas.

Para llevar a cabo la ejecución Cooper, que aceptó la tarea con entusiasmo, inventó un maletín de piel de cerdo envenenado confeccionado por la ex estrella de las carreras de motocicletas Raja Waterman . Al tirar con firmeza de una anilla de latón del asa, una larga aguja hipodérmica se deslizaba hacia delante, saliendo a través de un agujero de la esquina delantera. Cualquier impacto en la aguja ponía en funcionamiento un resorte interior del maletín que activaba el émbolo de la jeringa, que arrojaba el veneno mortal, en este caso cianuro.

El plan consistía en que el asesino debía abrirse paso disimuladamente entre la multitud que se apretujaba en la sala del tribunal, situarse detrás de la victima y pincharle en la pierna con la maleta. El hombre apenas sentiría un leve pinchazo y moriría en unos segundos de un aparente infarto. En la autopsia no podría identificarse rastro alguno de veneno en el estómago.

Ronnie estaba entusiasmado con el plan pero el matón encargado de la ejecución material, un tal Paul Elvey, fue incapaz de llevarlo a cabo. A continuación el imaginativo Cooper sugirió utilizar una ballesta de alta potencia con cerrojos de punta de acero pero el plan también quedo en nada. En un postrer proyecto Cooper y Ronnie decidieron liquidar a George Caruana, el dueño de un club del West End, poniendo una bomba en su reluciente mini rojo.

Este intento de asesinato acabó con el arresto de Elvey en el aeropuerto de Glasgow mientras transportaba 36 cartuchos de dinamita. Resultó que Cooper, un ex contrabandista de oro, era un delator que trabajaba para el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, confabulado con Scotland Yard.

Las pruebas de estos exóticos intentos de asesinato eran muy dudosas, pero suficientes para detener a los gemelos Kray y mantenerlos en prisión preventiva con la esperanza de que los asustados testigos se animaran a hablar. El 9 de mayo de 1968 Scotland Yard detuvo a los gemelos, a su hermano menor Charles y a otros catorce miembros de la banda.

Con los Kray entre rejas todo el mundo empezó a cantar. Una camarera del Blind Beggar declaró que fue Ronnie el que disparó contra George Cornell. Luego fue el turno de Reggie Hart presente en la matanza de Jack McVitie. Uno por uno todos fueron contando lo que sabían y por fin en marzo de 1969 los gemelos fueron condenados a un mínimo de 30 años de cárcel por los crímenes de Cornell y McVitie.

Lo más llamativo de todo es que los crímenes de los Kray fueron totalmente inútiles. George Cornell era sólo el último superviviente de una banda que ya no representaba ninguna competencia para la Empresa y McVitie era un borracho don nadie. Los Kray, en especial Ronnie, se habían enredado en una ficción, aspirando al prestigio de los asesinatos del submundo del crimen norteamericano. Y Reggie atado por el extraño y fatal vinculo que le unía desde la infancia a su hermano no había podido hacer otra cosa que acompañarle en su locura.

En la cárcel Reggie se dedicó a la pintura en acuarela y a las lecturas selectas. Pasar tantos años en régimen de estricto confinamiento como prisionero de categoría A suele ser suficiente, en principio, para convertir a cualquiera en un vegetal pero Reggie continuaba en situación de mens sana in corpore sano. Incluso escribió varios libros, uno de ellos era un manual para mantenerse en forma en situaciones de encarcelamiento. También escribió una autobiografía denominada “Our History”, una afectuosa muestra de autoestima, generosamente surtida de fotografías de famosos con dedicatorias a los dos gemelos.

Su hermano Ronnie no se lo tomó tan bien. Ya estaba en bastante mal estado cuando ingresó en la cárcel y posteriormente fue trasladado al hospital psiquiátrico de Broadmoor, lo cual no le impidió casarse en 1989 con una muchacha mucho más joven que él. Su reclusión tampoco fue impedimento para su antigua afición por los jovencitos.

Ronnie murió de un ataque al corazón el 17 de marzo de 1995. Su funeral fue todo un acontecimiento demostrando que el viejo gangster no había perdido su magnetismo ni su condición de héroe del East End.



Reggie salió de prisión en agosto de 2000 tras cumplir su condena integra, la mayor parte en aislamiento. Enfermo de cáncer pasó menos de un mes en libertad antes de morir el 22 de Septiembre. Fue enterrado junto a su hermano.


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12 Comments:

Blogger 3'14 said...

Lo que se necesita para triunfar: Esfuerzo, influencias/contactos, aptitudes (inteligencia, talento, habilidad... lo que se requiera para la hazaña en concreto a la que se aspire alcanzar) y un poco de suerte.

Ninguna de estas cuatro cosas deben fallar para asegurar el triunfo. Parece ser que a los hermanos Kray les falló la suerte. Y me refiero a esto por pasar sus últimos años de vida encarcelados. De no haber sido por eso, podría decirse que vivieron una vida privilegiada, sea o no discutible, la forma en que lo hicieron.

2:11 AM  
Blogger SisterBoy said...

Bueno como decía el protagonista de la pelicula "McVicar" (un delincuente al que daba vida Roger Daltrey)

"Ser ladrón es apasionante. Lo malo es que te meten en la carcel."

Para mi no hay nada en la vida que valga la pena media hora de prisión.

4:48 AM  
Blogger El Impenitente said...

¿Barbra? ¿Los hermanos Kemp?

Debe de ser tremendamente difícil, partiendo de la nada, crear una gran empresa que funcione al margen de la ley y dé pingües beneficios. Me sorprende que alguien, sin moral y sin escrúpulos, evidentemente, pero con la suficiente fuerza e inteligencia para levantar un imperio lo tire al traste por cierta mentalidad acomplejada ante los iconos norteamericanos. Eso lo hacen los sucesores, no los fundadores.

Y tampoco me gustaría pasar ni un minuto en la cárcel, la verdad.

12:15 PM  
Anonymous Marina Khalo said...

“¿No querías caldo?, pues toma dos tazas”.

A mi esto de los mellizos y/o gemelos siempre me ha parecido de una riqueza simbólica explotada desde las tradiciones primitivas. Con el suficiente grado de suspense y terror, la cosa puede resultar hasta escalofriante. Recuerdo ahora las dos gemelas de la película “El resplandor” que aparecen en el pasillo, cogiditas de la mano: “Danny ¿Quieres jugar con nosotras?”. Aparentemente cándidas, parecen cabalgar hacia la duplicidad fenoménica: lo divino y mortal, lo blanco y negro.
Los hermanos Kray persisten en el mito del “bueno” y “el malo” (en este caso el malo y el “menos malo”), el dominante y el dominado. Resultados comparativos que suelen sufrir los gemelos desde su más tierna infancia. Muchas veces, la negación de su propia individualidad en aras de una uniformada presencia que muchas familias acentúan vistiéndolos igual.
Esta vez no voy hablar de la madre que sale en el vídeo, escena de la película “The Kreys”. Me abstengo para no ser reincidente y “freudiana”.

Chiripitifláuticos - Los hermanos malasombra
http://www.youtube.com/watch?v=yZzGf0E5fKQ

12:19 PM  
Blogger SisterBoy said...

No olvides si la has visto (y si no la has visto no olivdes verla) "El otro" http://www.imdb.com/title/tt0069050/ de Robert Mulligan la pelicula definitiva sobre gemelos.

Por lo visto su mama (a la que ellos llamaban "su reina") era practicamente la única cosa que respeteban.

1:07 PM  
Blogger Goio said...

Yo me he quedado traumado con lo de los Spandau....

5:01 PM  
Blogger SisterBoy said...

Sip es como si los hermano Cano intepretaran a los Albertos

1:17 AM  
Blogger Vargtimen said...

A mí me han encantado las técnicas tan sutiles que pretendían utilizar para llevar a cabo sus crímenes: una ballesta, un maletín de piel de cerdo envenenado... Cómo se nota que estaban en los 60's, en pleno apogeo del Superagente 86.

En la siguiente entrada del Abecedario del Crimen, deberías hablar sobre el director de casting que propuso a los Spandau Ballet para interpretar a los gemelos Kray.

Lástima que las gemelas Olsen no se dedicaran a la interpretación por aquel entonces...

3:12 AM  
Blogger SisterBoy said...

También era la época de Los Vengadores y de James Bond. Está claro que era también existia una forma pop de matar.

Ya te digo, a cualquier ser humano normal le resultaria aberrante el casting de esa pelicula pero ya te digo que todos los que la han visto hablan bien de ella. Tendré que verla yo también. En el youtube está enterita

5:37 AM  
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