Las maletas de Luis Vuitton

Mi primer encuentro con Wes Anderson fue en su opera prima “Ladrón que roba a un ladrón” (Bottle Rocket). La daban en el satélite y por el título y la sinopsis esperaba ver un thriller corriente y moliente. A pesar de que el único recuerdo que guardo de la película es el de Owen Wilson corriendo mientras suena “ 2000 man” de los Rolling Stones la verdad es que quedé muy sorprendido por el tono en el que se narraba la historia.
La buena impresión (en el cine moderno llevarte una sorpresa casi siempre se traduce en llevarte una buena impresión o al menos así lo considero yo) quedo confirmada con las posteriores “Los Tennembaum” y “Lifeaquatic” dos películas que me entusiasman aunque me siento incapaz de explicar por qué.
“Viaje a Darjeeling” parece una nueva variación sobre los postulados de las dos películas anteriores que giraban alrededor de complicadas relaciones paterno-filiales marcadas por el abandono y la incomprensión mutua y todo ello en un peculiar y característico entorno de personajes excéntricos, situaciones grotescas, una chocante manera de tratar situaciones trágicas con las herramientas de la comedia, una ambientación llamativa y una potente banda sonora todo lo cual da como resultado un obra muy personal que puede resultar fascinadora o irritante pero que no es posible analizar de forma objetiva. A nivel personal encuentro que la mayor virtud del cine de Anderson es que sus películas consiguen trascender todas las distracciones que impone su estilo y ofrecer unas historias llenas de momentos sublimes cuando tenían todas las papeletas para resultar ridículos.
Aunque como se ha dicho “Viaje a Darjeeling” tiene un argumento parecido y los mismos instrumentos que las dos obras que la preceden la he encontrado algo inferior a ellas (sobre todo a “Lifeaquatic” a la que considero, a falta de ver “Academia Rushomre”, la mejor obra de su director) sobre todo en su tramo final que está lejos de ser una conclusión satisfactoria a una película que hasta ese momento se había desarrollado de forma brillante en la descripción del viaje físico y espiritual de tres hermanos que atraviesan la India acarreando una serie de vistosas maletas que acaban por manifestarse como un símbolo algo burdo aunque eficaz y, como de costumbre, entrañable.
Antes de la película se emite el corto “Hotel Chevalier” que aunque se presenta como un prólogo a “Viaje a Dajeerling” en realidad es una pieza separada aunque especialmente memorable, es posible incluso que en el futuro termine por ser más memorable que la película a la que sirve de aperitivo.
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