Redemption movie

Se habla de “Soy Leyenda” con spoilers
En 1954 Richard Matheson escribió una de las mejores novelas de ciencia ficción del pasado siglo y un título clave para entender buena parte del cine y de la literatura de terror que vendría a continuación. Como suele ocurrir con muchas otras obras del género el lenguaje de la ciencia ficción no es sino un mero recurso narrativo del que el autor se vale para tratar de forma metafórica algunos de las grandes preocupaciones filosóficas que atormentan a la humanidad.
En el caso de “Soy Leyenda” (y también en el caso de la otra gran obra de Matheson “El increíble hombre menguante” dos novelas que parecen muy diferentes y que yo pienso que hablan de lo mismo) tras las desventuras de Robert Neville se puede adivinar referencias a muchos temas: la soledad y el aislamiento del diferente, la presión del entorno por absorber dicha diferencia, el instinto de supervivencia contra toda esperanza…rizando un poco el rizo deberíamos volver a mirar el año en el que fue escrita la novela y preguntarnos si todas estas cuestiones no tendrían algo que ver con el clima de histeria anti comunista de la época.
Antes de que llegara la película de la que hoy se habla la novela había sido adaptada en dos ocasiones de forma explicita (y de forma implícita en muchas otras incluyendo “La noche de los muertos vivientes”). La más popular es “El ultimo hombre vivo” (“The Omega Man”) protagonizada por Charlton Heston y un filme que me fue imposible seguir viendo al quedar desanimado por el ridículo aspecto hippie-funky de los vampiros. Era el año 1971 y supongo que ese hecho es el culpable de todo.


La otra adaptación, mucho menos conocida, es “The last man on earth” (sin titulo en español por lo que supongo que jamás fue estrenada en nuestro país) de 1964 protagonizada por Vincent Price, una película de presupuesto e intenciones modestas pero con resultados extraordinarios.

Ahora en el 2007 llega la tercera adaptación dirigida por un tal Francis Lawrence y protagonizada por Will Smith que tras interpretar a Mohamed Ali sin hacer demasiado el ridículo se ha ganado el derecho a trabajar en lo que le de gana.
No soy de los que se rasgan las vestiduras por que una película basada en un libro que haya leído me resulte poco fiel al original o simplemente mala. Hace tiempo que deje de hacer esas cosas. Es posible, eso sí, que fastidie un poco el hecho de que de todas las adaptaciones que se han hecho esta se la única que haya conservado el titulo original del libro como si pretendiera ser digamos la versión “definitiva”. Al igual que ocurría por ejemplo con “Drácula de Bram Stoker” donde daban ganas de coger de la barba al maestro y decirle “Frank, esto NO es el Drácula de Bram Stoker, esto ya sea bueno o malo es TÚ Drácula. No engañes a la gente”.
Pero al margen de esto hay que decir que precisamente es en este aspecto (es decir la fidelidad o no al postulado original) donde reside el único interés de Soy Leyenda. Como se ha dicho antes en la novela de Matheson el entorno en el que se desarrolla la historia (ciudad desierta habitada únicamente por Neville y una muchedumbre de vampiros) es sólo un pretexto para hablar de algo más importante y sobre todo para concluir con un giro insólito, el que tiene lugar cuando Ruth le comunica a Neville que en realidad el monstruo es él “usted ha matado a muchos de los suyos, en la ciudad le tienen pánico”
En una sociedad de vampiros el humano superviviente es el nuevo vampiro, una especie de salto a través del espejo que también tendrá su influencia en otras historias venideras (“I am ghost”). La película de Francis Lawrence sin embargo es un producto en el que nadie quiere ir tan lejos. En primer lugar los vampiros-zombies-infectados son bestias desprovistas de cualquier recuerdo de humanidad (no se dedican a aporrear la puerta de la fortaleza de Neville gritándole para que salga y se una a ellos, uno de los momentos más recordadas del libro), unas cosas deformes con un sorprendente parecido con el monstruo del video “Come to daddy” y que sólo gritan y corren. Cosas que se pueden liquidar sin remordimientos.
En segundo lugar la mujer (que ahora se llama Ana) ya no es una mensajera del nuevo mundo que viene a comunicarle a Neville que debe ser eliminado junto con los zombies para que la nueva raza pueda continuar adelante sino una voluntariosa misionera que le habla de una colonia de supervivientes tan humanos como él y que viene a salvar el alma del científico que ha perdido su fe. No es que tenga nada contra estos mensajes evangélicos, “Señales” iba de lo mismo y me parece una gran película pero en “Soy Leyenda” se plantea y se liquida este conflicto en apenas un par de escenas culminadas por una ridícula serendipia que además se asemeja bastante a las de la susodicha película de Shyamalan.
Lo mejor de la película no se encuentra pues en el contenido del mensaje (torpe y precipitado) sino en el canal en el que se transmite. Asi pues al contrario que en el libro parece que el fondo está al servicio de la forma y que lo primero es un mero pretexto para regocijarse con lo segundo. Efectivamente esas escenas en las que Neville recorre la ciudad desierta de la que es el único habitante humano se encuentran entre lo mejor de “Soy leyenda” y en esta ocasión resulta además de interesante sumamente agradable el contemplar como el director se las arregla para componer esta parte de la película acudiendo a toda la iconografía post apocalíptica previa (desde la ya mencionada “The last man on earth” hasta “28 días después” pasando por “Doce monos”) o eligiendo recursos alternativos a la voz en off (que podría resultar excesivamente cargante) como el no-dialogo con la perra Sam (que hace las veces de pelota Wilson) y los maniquíes del videoclub o el diario videográfico. Es en definitiva un segmente perfectamente resuelto como no podía ser de otro modo tratándose del cine con los mejores especialistas del mundo (si estos tienen que filmar una ciudad vacía lo hacen, no se les cuela en el plano ninguna viejecita asomada al balcón). La conclusión de esta parte de la película es, de nuevo, una gran escena, la de la exploración del edificio abandonado en la que primera insinuación de la presencia de los vampiros resulta verdaderamente estremecedora, desde luego mucho más que la decepcionante visión integral de estos bichos.
En cuanto a Will Smith digamos que su interpretación comienza de modo aceptable pero posteriormente da la desagradable sensación de que los responsables de la película querían satisfacer las expectativas de parte del público que esperaba ver al negro gracioso de toda la vida.
A modo de resumen diremos pues que la visión de “Soy leyenda” es un acto desprovisto de emoción pero no carente de interés. Interés de nuevo por ver como los postulados de una de las grandes novelas del siglo XX se ven transformados para
adaptarse a los gustos y esperanzas del público post 11S
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